Eso dicen, que somos dueños de nuestros sueños... y si así es ¿por qué las pesadillas se cuelan en nuestras mentes desfallecidas vencidas por el sopor y sumergidas en las densas aguas de la noche? ¿Acaso somos capaces de salir de ellas sin ayuda? ¿Podríamos ser tan fuertes como para dominarnos a nosotros mismos, como para esgrimir la llave del laberinto y abrir una ventana de cielo azul y verdes prados tranquilizadora al final de la derrota de la noche?
Vencer a un mal sueño, que te atrapa y te ahoga, que te subyuga y te retiene, que te hace enfrentarte a lo que más temes y de la forma en que más te hiere, sería sencillamente un don divino. Ojalá, mi amor, como decías al final de esta noche sombría cuando desperté de forma convulsa, fuera yo la dueña del laberinto.
Vencer a un mal sueño, que te atrapa y te ahoga, que te subyuga y te retiene, que te hace enfrentarte a lo que más temes y de la forma en que más te hiere, sería sencillamente un don divino. Ojalá, mi amor, como decías al final de esta noche sombría cuando desperté de forma convulsa, fuera yo la dueña del laberinto.









