Taller Encantado

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3 de junio de 2009

Mil y una formas de amar...

... y tantas otras por descubrir. Cuando somos niños comenzamos amando a nuestros padres, son ellos nuestros guías y nuestro principal apoyo, si lloramos, aparecerán para apaciguar nuestra sed, nuestro apetito y nuestra necesidad de abrigo. Al crecer un poquito, se genera la autoestima, comenzamos a amarnos a nosotros mismos con esa terca obstinación que nos lleva a pensar que siempre tenemos razón y que nuestra voluntad está por encima de todas las cosas. También amamos nuestras aficiones, nuestros juguetes, nuestros columpios, nuestro tiempo libre, nuestras fantasías y nuestros sueños. Una rama del suelo puede ser un objeto de coleccionista porque para nosotros siempre será una varita mágica o una espada poderosa.

La juventud nos hace empezar a mirar con otros ojos a nuestros semejantes, la naturaleza se abre paso y nuestros cuerpos de niños empiezan a madurar, es la etapa del descubrimiento. También la de la autoafirmación, ya no nos basta que nos den las soluciones a nuestros problemas, necesitarnos sentirnos autosuficientes, aunque aún estamos en tránsito... con la madurez llega el amor al trabajo, a la calma, a la parsimonia, se afina el paladar en la búsqueda de la belleza, puesto que el recorrido de la mirada por las superficies se alarga sin miedo, el bagaje cultural se extiende como un fino velo recubriéndola de una suave pátina de brillo intelectual... et voilà! En esa tesitura se expanden nuestros días hasta una muy tardía senectud de la que cada vez más personas disfrutan. Nuevas formas de amar aparecen entonces, se recobra la necesidad del cariño, del tacto, volvemos a ser niños; aunque nuestro cuerpo marchito se apague, los ojos vivarachos y ese paulatino retorno al no saber y al necesitar el apoyo de una mano cómplice y maternal nos devuelven a estado primigenio del que uno nunca sabe si llega a salir del todo en algún momento de su vida.

Mil y una formas de amar, y tantas otras por descubrir...

3 comentarios:

Aurora dijo...

amar: opino que siempre necesitamos ser amados o cuando menos queridos, que es tan imprescindible como comer. Yo me siento triste cuando descubro la soledad y los pasos hacia adelante se hacen mas torpes, sin embargo, cuando estas al lado de las personas que te "pertenecen" un poco en el corazon, te transforman la autoestima y la vida, o por lo menos yo lo siento asi. Y segun pasan los dias mas cuenta me doy de que necesito a las personas cerca, es lo mas importante que hay.
dulce y amarga narracción, me remueve un poco los adentros
bicos pitufina!!!!

Aurora dijo...

lolitaaaaaaa!!!
que tienes el blog abandonado...jo!!!

Lolita blues dijo...

He vuelto, meiguiña!

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