
Quien se ha sentado frente al Museo Arqueológico de Estambul, rodeado de las ruinas de civilizaciones antiguas y ha escuchado el rumor del viento entre las hojas sabe que hemos olvidado el lenguaje que éstas articulan. Pero si se cierran los ojos y se siente la claridad tamizada por la verdura silbante, si se agudizan los sentidos y se permite a los espíritus dormidos habitar por un instante en lo más remoto de nuestro ser se puede rozar el cielo con la yema de los dedos.
2 comentarios:
Cuando vaya a Estambul no olvidaré acercarme al Museo Arqueológico a ver si yo también experimento algo de esa sensación...
Foto muy chula por cierto ;-)
Doy fe de que se siente algo especial en ese lugar, pero es imprescindible estar acompañado de la persona adecuada, de alguien que conserve la fantasía suficiente para imaginar un pasado muy actual. Yo estuve con esa persona.
Publicar un comentario