Taller Encantado

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19 de enero de 2009

Me pregunto si no seré un personaje de Paul Auster


Para mi sorpresa esta misma mañana, al ver a mi jefe caminar despreocupado por la calle, me he dado cuenta de que, si no le conociera, pensaría que está loco. Me ha causado una gran impresión verle con sus gruesas gafas de miope, cargado de periódicos y hablando solo, incluso gesticulando con los brazos levemente. En circunstancias normales le habría visto desde lejos, probablemente no le habría perdido de vista (se habría activado en mí el clásico resorte de seguridad, por si acaso) e incluso no me resulta descabellado pensar que habría cambiado de acera para evitar la proximidad física.

Y entonces no he podido evitar pensar ¿no seré un personaje de Paul Auster? La pregunta ha seguido flotando durante unos instantes en mi mente, mientras el semáforo cambiaba de color y mi jefe se perdía doblando la esquina. Quizás en algún momento acabe alcoholizada, renegando de mis principios en un inevitable acto de autodestrucción del que sólo pueda salvarme una casualidad remota. A lo mejor me convierto en una fracasada, mediocre, en una persona creativa frustrada que en algún momento habría podido llegar a ser alguien pero que perdió el tren. Una suerte de vagabunda bohemia sin brillo ni talento, ni siquiera trementina. ¿No habrá para mí nada más allá del pastel de cebolla?

Paul, rescátame, alguna vez lo has hecho, guía mis pasos a un final digno o entraré en tu cuarto y te daré tu merecido. Un plot point ahora tampoco me vendría mal, dale un giro a mi vida y veremos si te sigo leyendo, que contenta me tienes.

4 comentarios:

Aurora dijo...

Ea, si tienes el libro me lo tienes que dejar. Lo cierto es que me he leido nos cuantos de Paul y es un gran narrador.
Lo que comentas de tu jefe me hace cosquillas en mi cerebro porque más de una vez andando por la calle a mi severa bola, creo que incluso gesticulando, sin ver ni conocer a los que se cruzan, (a muchos que conozco, no los doy como tal hasta que se me dibuja su rostro en la cabeza y ya estoy en la otra esquina de la calle) me da que los demás pensarán de mi penalidades: pobre loca!!! más de una ve me asusté a mi misma diciendo palabras a media voz, la mayoría palabrotas por estar cabreada. jiji. Si algún día te cruzas conmigo, grita: Meigiña, estoy aquí!!! y aún así me costará reaccionar.

Lolita blues dijo...

¿No le notas nada raro al libro? Míralo bien, busca los libros de Auster...

En fin, meiguiña, yo soy igual, supongo que todos lo hacemos cuando estamos solos, rememoramos, mascullamos palabras en voz baja y, si la cosa está calentita, a veces en no tan baja voz. Es un mecanismo de defensa de nuestro cerebro, como cuando algo nos hiere mucho y tenemos que asimilarlo durante un tiempo antes de poder dormir, o siquiera descansar.

Particularmente estoy convencida de que a menudo alguien ha pensado de mí lo mismo que yo pensé el otro día de mi jefe. De hecho recuerdo una situación muy cómica en la que estaba enfadada con una persona y me fui al baño a lavarme los dientes. Mientras me los lavaba (con la boca llena de pasta), iba hablando con mi reflejo en el cristal: "es que eres tonta, quién te manda fiarte de ese cretino, quién se creerá que es..." y justo apareció mi madre por la puerta... me puse de todos los colores, qué vergüenza... El ser humano es asín, de esa manerarrrrr...

Aire Fresquito dijo...

El pastel de cebolla tampoco está tan mal...(te lo digo yo que lo he probado, je) pero sí algo creo de tí es que tú nunca serás (ni has sido) una mediocre porque en tus genes está implícito la marca de persona creativa, viva y curiosa por llenarse con cualquier cosa en la que estés implicada.

Ah, y siempre habrá algún tren al que subirnos, de eso no me cabe duda.

Tengo uno de Paul Auster pendiente. Ays, y si después de leerlo, ¿yo también me vuelvo como tu jefe?

Lolita blues dijo...

Hombre, ya sabes, el destello de la locura está al fondo de la pupila de cualquiera, o al menos, eso creo yo. Sólo hace falta una serie de acontecimienos que desencadenen que salga a la luz.

Un libro del Paul Auster es el perfecto catalizador, porque te transporta y te atrapa, como cuando pisas arenas movedizas, aunque quieras escapar es tarde, la lectura te engulle.

Cuando quieras dejarte caer en la superficie espejada de la lectura de Auster te puedo prestar los libros que quieras. No hay uno solo de ellos que te deje indiferente.

Pues nada, sólo añadir que para mí Auster es justo ese tren que todos hemos perdido alguna vez (nos hayamos dado cuenta o no). Y, como ya sabéis que no creo en la casualidad, por algo habrá sido. Siempre hay un por qué, pero el hombre es demasiado ignorante y demasiado insignificante como para saberlo...

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