Taller Encantado

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18 de febrero de 2010

Vadeando palabras, silbando arcanos

Dejé de leer a Alvite porque en el mejor de los casos aquello habría derivado en un enfisema de pulmón, (tanto humo se desprendía de aquellas hojas), o peor, aún, en la temible enfermedad de la nostalgia crónica por el patetismo intrínseco del ser humano. A la postre habría terminado escribiendo mi esquela con un Bic azul sin capucha mientras me disolvía irremediablemente en un whisky doble.

Kawabata me acogió con sus serenas narraciones de Primera nieve sobre el monte Fuji, pero aquel idilio tampoco habría terminado bien, el shock de la calma repentina, me habría terminado afectando igualmente y habría palidecido tañendo un arpa lánguida en un rincón, presa en mi kimono gris perla.


Maurits Cornelis Escher (1898-1972)

Borges vino a revolucionarme las neuronas adentrándome en mundos imposibles, aquéllos en los que los sueños remedaban vidas enteras, en los que las personalidades se desdoblan y las ciudades emergen de una simple ensoñación. Decidí quedarme allí más tiempo, y dejar una puerta abierta al aleph para poder contemplar el mundo, a la vez, desde todos los puntos de vista posibles. Con un metafórico cigarro de Alvite en una mano y un libro de haikus en la otra. Es la seducción de la indeterminación más absoluta, el vórtice que es principio y final de todas las cosas; donde contemplaré todo el mundo y todos los mundos posibles, los interiores y los ajenos a mi ser.

3 comentarios:

Aurora dijo...

Muy buena forma de describir y criticar u/o opinar sobre los autores. es como adentrarse en un mundo paralelo al de la propia escritura!!

Fancy Factory dijo...

Muy bonitas tus reflexiones my friend... te mando un besote!:
Sandra (otra que huye de la temible enfermedad de la nostalgia crónica...)

Lolita blues dijo...

Un placer que esos ojos hayan recorrido estas líneas. Me encantará que me visites en mi cueva siempre que quieras, Sandra.

¡Un abrazote!

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