Taller Encantado

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2 de diciembre de 2008

El despertar de los sentidos


Caminar en invierno, con los hombros encogidos, y la cabeza hundida entre ellos... con el helado viento aguijonando las orejas entumecidas y la nariz colorada e insensible... merece la pena sólo por el hecho de pasar frente a una humeante panadería, rebosante de aromas exquisitos, evocadores de crujientes y doradas cortezas que esconden en su seno la siempre esponjosa miga, mullida y calentita, tesoro infinito para paladares acostumbrados al buen hacer del artesano panadero.


La luz que irradia el escaparate nos devuelve la imagen del acogedor hogar. Como llevados por el flautista de Hamelin, el aroma inconfundible del pan recién hecho nos insta a entrar, inevitablemente. Qué enorme placer tomar en la mano aterida la barra de pan envuelta cuidadosamente en papel, que rápidamente nos devuelve la calidez y el aroma del hábito diario olvidado ya por desgracia.


Cuando era una niña, estaba deseando que llegara el fin de semana para quedar con mi mejor amiga e ir juntas a comprar el pan. Nuestras manos pequeñitas no podían resistir la tentación y picoteban primero el bollito y luego seguían barra abajo hasta dejarla a la mitad en el paseo de vuelta a casa.


Ni dietas, ni calorías, ni tonterías, reducir al absurdo una costumbre tan nuestra como comer pan es una verdadera pena. Desearía que todos los días fueran domingo para poder disfrutar siempre de la dulce sensación de saborear una sencilla barra de pan, porque en esos instantes, soy feliz y, de alguna forma, pequeña de nuevo.

6 comentarios:

sandra dijo...

avisame de que ciertos articulos se lean cuando tu estomago no este remoloteando en tu interior con ansias de calmar la gusa que por momentos padece,,,
Que dulce remembranza me trae!!
recuerdo cuando era niña llegado el fin de semana me levantaba temprano,siempre fui muy madrugadora,me vestia y me preparaba mi gran tazon de colacao con galletas para en cuanto mi padre estubiera listo ponerme los patines o coger mi querida bicicleta e ir dando una vuelta hacia la panaderia del barrio a donde de camino te ibas encontrando con todos los vecinos,saludabas a las viejecitas sentadas en el banco charlando de lo que cocinarian para sus hijos que vendrian esa mañana a comer,ibas corriendo hacia tu mejor amiga para preguntarla si te compañaba a hacer los recados y asi luego mi padre nos invitaría a un delicioso batido en el bar que hace esquina,,,
llegadas a la panaderia,donde la dependienta ya nos conocia,pediamos nuestras 2barras de pan para casita y alguna mas de encargo de mi abuela pero no solo se podia quedar aí,siempre picabamos con alguna guarreria más,total estaba papi detras para ese tipo de caprichos,sí,siempre decia;como luego no comas,,,pero despues acababa sacando la mano del bolsillo llena de pequeñas monedas para una bolsa de patatas o incluso un bollito recien echo,sacado del cálido y torrido horno,,,y ya una vez acabados nuestros caprichitos golosos,corriamos hacia nuestras respectivas casas para avisar a nuestras madres,que ya estaban ternimando de recoger toda la casa;fregar,lavar,planchar y hacer la comida entre algunas, que papa las esperaba en aquel bar de la esquina,al cabo de un rato nos dirigiamos hacia alli donde disfrutabamos del aperitivo entre charlas y risas y yo disfrutando con mi amiga ,las dos con los patines dando vueltas tras vueltas.Ya acercandose la hora de la comida cada vez más,hambrientas,insistiamos de ir ya a casa a desgustar ese estupendo cocido madrileño que hacia mi madre todos los sabados,con su sopa de primero donde nunca faltaba los trozos de pan empapados con el caldo y despues los garbanzos con toda la fuente llena de carne,chorizo,morcilla,pollo y un largo etc...



bueno ya e dejado volvar un poco la imaginación para volver tiempos atras y creo que me e liado tanto que me e ido un poco del asunto pero bueno jeje conclusión: que estoy contigo en que no tenemos que perder esa fantastica costumbre de acompañar nuestras maravillosas comidas con un trocito de pan((y el de picos esta de muerte jeje)) que parece que no pero le da ese toque magico!!

besitosssss

Aire Fresquito dijo...

En el texto se huele el olor a panecillo recien hecho... Lástima que yo no guarde recuerdos de ir a comprar el pan los domingos. Quizá sí lo hiciera... y quizá también fueran los domingos... ¡pero no lo recuerdo! Lo que sí te digo es que yo soy de las que se comen los picos del pan porque me chiflan.

Yo soy más del croissant y de los donutitos acompañados de café ;-) Aún recuerdo ese redesayuno en Zaragoza de camino a Sitges. Ays, ¡qué rico!

Lolita blues dijo...

Es uno de los recuerdos más agradables, divertidos y sensoriales de mi infancia. Mi mejor amiga lo fue por mucho tiempo y compartimos muchas cosas, entre otras estos momentos dominicales.

A ver si dentro de poco tengo más tiempo y puedo disfrutar más de la vida, porque últimamente me pasa por encima más bien.

Saludos chicas y, Lois, ya en breve toca un resayuno juntas ¿no? Ya me dirás...

Aurora dijo...

Para disfrutar de pan pan no hay nada tan bueno como el gallego, sin quitar méritos al de otros lugares...cuando más disfruté y saboreé tan cotidiano alimento fue haciendo el camino de Santiago, a cada pueblo donde parábamos más rico y con su especialidad.
si aqui en Madrid he visto mucho el pan de centeno en Galicia existe el de maiz que en ocasiones lleva pasas por dentro, una exquisitez que normalmente se degusta más en invierno.
como siempre la meigiña recordando su tierra, besos desde el sofa del piso

Anónimo dijo...

hola soy maria y a partir de ahora si tu quieres seguiré leyendo tus relatos y te diré cuanto me gustan un besito

Lolita blues dijo...

Sí, quiero... jajajaja. Gracias por leerme y animarme, Mary, me da aliento para seguir escribiendo.

Saludos!

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