De vez en cuando hay espacios temporales en los que físicamente es imposible sacar un rato para sumergirse en la lectura, son los que llamo periodos de encefalograma plano. Es lo más parecido a dejarse morir por dentro sin poder viajar gracias a la magia de los libros.
Sin embargo, cuando se retoma el placer de sostener un libro entre las manos, con cuidado, casi como si fuera un niño recién nacido, es como disponer de una burbuja de oxígeno deliciosa y nutritiva. Un componente esencial de la dosis diaria de evasión, reflexión e imaginación que alimenta el alma.
Hay quien lee justo antes de dormir porque su mente se prepara así para el descanso, otros son lectores de tránsito, de esos que ven en los volúmenes buenos compañeros de viaje y otros sencillamente luchan contra el tiempo para encontrar el momento de existir solo a través de su simbiosis literaria.
¿Qué me llevaría a una isla desierta? Un libro, un buen libro que salvaguardara mi cordura y me recordara quién creí ser una vez.
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15 de julio de 2013
Leer es vivir
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16 de marzo de 2013
Nadar en libros
Hay quien gusta de bucear cómodamente en un rico mundo que está lleno de oxígeno, el literario. Los glóbulos rojos de ese sistema circulatorio son las palabras que pueblan los volúmenes. Son fuente de vida y de salud para los lectores, que mediante esas pequeñas transfusiones de nuevos sueños encuentran las fuerzas para seguir su camino... ¿Cómo no asfixiarte si no abres un libro y te sumerges en él durante al menos unos minutos al día? ¿Cómo hacer soportable la espera, tolerable la desdicha o abarcables las infinitas horas del reloj?
Yo lo tengo muy claro, si alguna vez me convierto en náufrago, quiero tener una única compañía como cierta: la de un libro que salve mi cordura, que se convierta en mi legítima obsesión, como en aquella estupenda película de Truffaut, Fahreheit 451, adaptación de Ray Bradbury, en la que cada hombre tenía la misión de salvaguardar palabras convirtiéndose en memoria errante de lo que fueron las grandes obras de la literatura universal. Yo querré ser poema, querré ser cuento o novela y que conmigo se apaguen las palabras y se acalle el mantra mil veces narrado, mil veces declamado, mil veces depositado en el corazón de quien vivió a través de aquellas líneas.
Yo lo tengo muy claro, si alguna vez me convierto en náufrago, quiero tener una única compañía como cierta: la de un libro que salve mi cordura, que se convierta en mi legítima obsesión, como en aquella estupenda película de Truffaut, Fahreheit 451, adaptación de Ray Bradbury, en la que cada hombre tenía la misión de salvaguardar palabras convirtiéndose en memoria errante de lo que fueron las grandes obras de la literatura universal. Yo querré ser poema, querré ser cuento o novela y que conmigo se apaguen las palabras y se acalle el mantra mil veces narrado, mil veces declamado, mil veces depositado en el corazón de quien vivió a través de aquellas líneas.
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20 de noviembre de 2012
El flechazo
Nunca se sabe cómo puede suceder: salta la chispa, el vello se eriza, la emoción alcanza el clímax y ya somos presas dóciles, deseosas de ser cazadas. Fuera presuposiciones falsas: no es necesario que sea primavera, que los pájaros se arrullen y reverberen los ecos de sus trinos por doquier.
A mí me sucedió un día de perros, en el que la niebla lo engullía todo cubriéndolo de una humedad fría e incómoda. Acaba de quedarme en el paro y sólo deseaba llegar a casa para meterme debajo de una manta a lamerme las heridas. Me sentía vacío y solo y triste y condenado, cuando pasé junto a una librería y la vi... a través de aquel escaparate empeñado, como si fuera una ensoñación, un imposible, una entelequia... la más bella y perfecta: la edición especial de mi novela favorita. De un plumazo desapareció el agujero negro del desamparo en que me había sumido y fui feliz al tomar entre mis manos a mi amada. Se disipó mi soledad y recuperé la esperanza.
A mí me sucedió un día de perros, en el que la niebla lo engullía todo cubriéndolo de una humedad fría e incómoda. Acaba de quedarme en el paro y sólo deseaba llegar a casa para meterme debajo de una manta a lamerme las heridas. Me sentía vacío y solo y triste y condenado, cuando pasé junto a una librería y la vi... a través de aquel escaparate empeñado, como si fuera una ensoñación, un imposible, una entelequia... la más bella y perfecta: la edición especial de mi novela favorita. De un plumazo desapareció el agujero negro del desamparo en que me había sumido y fui feliz al tomar entre mis manos a mi amada. Se disipó mi soledad y recuperé la esperanza.
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5 de febrero de 2012
Los libros que me acompañaron en 2011
En este blog la literatura es importante. Quien me conoce sabe que la lectura es una constante en mi vida, que me gusta perderme en los libros y que a menudo me da pereza regresar de las historias que voy habitando. Leer suele ser lo que me hace la vida soportable cuando me siento vacía, y escribir lo que me permite salirme del margen sin tener que darle explicaciones a nadie. Alas para volar, fuertes incluso cuando el viento sopla en contra.
Aunque leo bastante en mi tiempo libre, todo me parece poco en esta inabarcable biblioteca infinita borgiana en la que nos movemos a día de hoy. A finales del año pasado me enfrasqué en la lectura de la saga Juego de tronos, aunque desde luego el ritmo del primer libro es el mejor. Ahora estoy terminando los libros publicados y luego creo que leeré poesía, porque la echo de menos y creo que hoy en día más que nunca necesitamos regresar a la lírica, puede que sea Rilke o puede que me deje llevar por los modernistas, pero echar de menos la poesía es algo que merece ser corregido de inmediato.
La cueva de los duendes cuenta con una buena biblioteca, porque es el lugar en el que llevo la cuenta de los libros que me van subyugando. Algunos de los que no llego a terminar o que leo y no me satisfacen, no están en esta lista, normalmente porque me he sentido un poco estafada al leerlos o porque prefiero no recordarlos, son los menos, a lo sumo dos al año.
Los que más me han gustado aparecen en rojo. Son los que más recomiendo. Abrir un libro es como abrir una ventana para que entre aire limpio en nuestras vidas, nos permiten ver otros mundos, otras épocas, otras vidas y eso nos ayuda a desarrollar nuestra empatía, nos fuerza a evolucionar y crecer.
-El cementerio de Praga de Umberto Eco
-Niebla de Miguel de Unamuno
-Cinco horas con Mario de Miguel Delibes
-El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl
-Todos mis cuentos de Ana Mª Matute
-Leviatán de Paul Auster
-La proporción áurea. El lenguaje matemático de la belleza de Fernando Corbalán
-Seda de Alessandro Baricco
-Valor de ley de Charles Portis
-El aleph de Borges
-Diálogo secreto de Antonio Buero Vallejo
-Maria Theresa. Retrato de una soberana
-Cuentos completos de Oscar Wilde
-Memorias del Marqués de Bradomín de Ramón del Valle-Inclán
-Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena
-Cuentos de adúlteros desorientados de Juan José Millás
-La elegancia del erizo de Muriel Barbery
-La soledad de los números primos de Paolo Giordano
-Tenemos que hablar de Kevin de Lionel Shriver
-El extraño incidente del perro a medianoche de Mark Haddon
-Las ilusiones perdidas de Honoré de Balzac
-Océano Mar de Alessandro Baricco
-La lluvia antes de caer de Jonathan Coe
-El sueño de Alejandría de Terenci Moix-La caligrafía de los sueños de Juan Marsé
-City de Alessandro Baricco
-Niebla de Miguel de Unamuno
-Cinco horas con Mario de Miguel Delibes
-El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl
-Todos mis cuentos de Ana Mª Matute
-Leviatán de Paul Auster
-La proporción áurea. El lenguaje matemático de la belleza de Fernando Corbalán
-Seda de Alessandro Baricco
-Valor de ley de Charles Portis
-El aleph de Borges
-Diálogo secreto de Antonio Buero Vallejo
-Maria Theresa. Retrato de una soberana
-Cuentos completos de Oscar Wilde
-Memorias del Marqués de Bradomín de Ramón del Valle-Inclán
-Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena
-Cuentos de adúlteros desorientados de Juan José Millás
-La elegancia del erizo de Muriel Barbery
-La soledad de los números primos de Paolo Giordano
-Tenemos que hablar de Kevin de Lionel Shriver
-El extraño incidente del perro a medianoche de Mark Haddon
-Las ilusiones perdidas de Honoré de Balzac
-Océano Mar de Alessandro Baricco
-La lluvia antes de caer de Jonathan Coe
-El sueño de Alejandría de Terenci Moix-La caligrafía de los sueños de Juan Marsé
-City de Alessandro Baricco
-Canción de Hielo y Fuego de George Raymond Richard Martin
-Choque de reyes de George Raymond Richard Martin
-Tormenta de espadas de George Raymond Richard Martin
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21 de octubre de 2010
Después del silencio
Y de repente, el vértigo de la imposibilidad del anonimato y de saber que lo que sale de mi boca lo puede leer todo el mundo, y de que la literatura rompe los márgenes de la intimidad entre tú y yo y ya todo llega a todas partes, y los relatos son ubicuos y tu lejanía infinitamente finita.
El cazador cazado: cuando el escritor lanza el mensaje, deja de ser suyo, se desprende como ente autónomo para gozarse en otros labios, para susurrarse en otros oídos y para volar libre de ser preso.
Las palabras que se nos desprenden de la mente sufren una suerte de metamorfosis parecida a la muerte o a la revelación. Se renuevan y se expanden o se asfixian y desfallecen... Les deseo a todas y cada una de ellas la mejor de las fortunas cuando comiencen su peregrinaje. Puede que regresen algún día, de otra forma, con otras melodías, en otros idiomas... Ya no mías, ya de nadie.
El cazador cazado: cuando el escritor lanza el mensaje, deja de ser suyo, se desprende como ente autónomo para gozarse en otros labios, para susurrarse en otros oídos y para volar libre de ser preso.
Las palabras que se nos desprenden de la mente sufren una suerte de metamorfosis parecida a la muerte o a la revelación. Se renuevan y se expanden o se asfixian y desfallecen... Les deseo a todas y cada una de ellas la mejor de las fortunas cuando comiencen su peregrinaje. Puede que regresen algún día, de otra forma, con otras melodías, en otros idiomas... Ya no mías, ya de nadie.
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18 de febrero de 2010
Vadeando palabras, silbando arcanos
Dejé de leer a Alvite porque en el mejor de los casos aquello habría derivado en un enfisema de pulmón, (tanto humo se desprendía de aquellas hojas), o peor, aún, en la temible enfermedad de la nostalgia crónica por el patetismo intrínseco del ser humano. A la postre habría terminado escribiendo mi esquela con un Bic azul sin capucha mientras me disolvía irremediablemente en un whisky doble.
Kawabata me acogió con sus serenas narraciones de Primera nieve sobre el monte Fuji, pero aquel idilio tampoco habría terminado bien, el shock de la calma repentina, me habría terminado afectando igualmente y habría palidecido tañendo un arpa lánguida en un rincón, presa en mi kimono gris perla.

Borges vino a revolucionarme las neuronas adentrándome en mundos imposibles, aquéllos en los que los sueños remedaban vidas enteras, en los que las personalidades se desdoblan y las ciudades emergen de una simple ensoñación. Decidí quedarme allí más tiempo, y dejar una puerta abierta al aleph para poder contemplar el mundo, a la vez, desde todos los puntos de vista posibles. Con un metafórico cigarro de Alvite en una mano y un libro de haikus en la otra. Es la seducción de la indeterminación más absoluta, el vórtice que es principio y final de todas las cosas; donde contemplaré todo el mundo y todos los mundos posibles, los interiores y los ajenos a mi ser.
Kawabata me acogió con sus serenas narraciones de Primera nieve sobre el monte Fuji, pero aquel idilio tampoco habría terminado bien, el shock de la calma repentina, me habría terminado afectando igualmente y habría palidecido tañendo un arpa lánguida en un rincón, presa en mi kimono gris perla.

Maurits Cornelis Escher (1898-1972)
Borges vino a revolucionarme las neuronas adentrándome en mundos imposibles, aquéllos en los que los sueños remedaban vidas enteras, en los que las personalidades se desdoblan y las ciudades emergen de una simple ensoñación. Decidí quedarme allí más tiempo, y dejar una puerta abierta al aleph para poder contemplar el mundo, a la vez, desde todos los puntos de vista posibles. Con un metafórico cigarro de Alvite en una mano y un libro de haikus en la otra. Es la seducción de la indeterminación más absoluta, el vórtice que es principio y final de todas las cosas; donde contemplaré todo el mundo y todos los mundos posibles, los interiores y los ajenos a mi ser.
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16 de septiembre de 2009
Me persiguen las palabras
Multitarea y sincopada. Escribo como una taladradora horada el suelo, el repiqueteo del teclado acompaña los ritmos entrecortados de las acciones que entrelazo. Escribo aquí sobre un nueva ley, allá doy una opinión, respondo un e-mail, cierro una reunión, activo un discurso, entierro una palabra vana, corrijo un acento, esculpo un pequeño verso. Ese es el día a día, el ordenador me ha vuelto desordenada e hiperactiva, no se sacia mi curiosidad por buscar nuevas expresiones, por aprender nuevos patrones ni por leer palabras antiguas que contienen la sabiduría del universo en una máxima comprimida.
¿Cuántas vidas necesitaría para leer todo aquello que desaría leer? ¿Para derramar los mundos que pergeña mi cabeza en hojas y hojas cubiertas de tinta? La finitud no es sino aquello que revierte la literatura, la pugna de la condensación de todos los tiempos en un tiempo contra la caducidad y la pérdida de los días que pasan insoslayables. Vive en la literatura y alcanzarás el Paraíso, la eterna juventud.
¿Cuántas vidas necesitaría para leer todo aquello que desaría leer? ¿Para derramar los mundos que pergeña mi cabeza en hojas y hojas cubiertas de tinta? La finitud no es sino aquello que revierte la literatura, la pugna de la condensación de todos los tiempos en un tiempo contra la caducidad y la pérdida de los días que pasan insoslayables. Vive en la literatura y alcanzarás el Paraíso, la eterna juventud.
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Las obras maestras y los héroes
Es lo que echo de menos en el cine, en la literatura, en las series de televisión y hasta en el día a día, ese rayo de luz que es el modelo a seguir, esa voluntad de encauzar los pasos hacia un bien, hacia la redención, hacia la expiación de las culpas y la bondad en estado puro.
¿Significa eso que los dioses, los semidioses y los héroes no se debatieran entre sus propias contradicciones? Todo lo contrario, eran nuestro reflejo y como tal, en ellos proyectábamos nuestras dudas, nuestras disyuntivas y miserias...

Cuando te sumerjes en el intrincado lenguaje del siglo XXI parece que no hay cabida para nada que se salga de lo desagradable y estomagante. Los planos se emborronan, la imagen queda cubierta de una densa pátina de pringue e interferencias, la cámara se mueve como loca, los personajes se ahogan en la carencia de un destino deseable o deseado al menos, y quedan estancados en las alcantarillas de la autodestrucción y la psicopatía. No es que nuestras obras generen antihéroes, esos al menos, en contraposición con sus antagonistas, reflejan la necesidad de ser exactamente lo contrario, me refiero a que realmente se proponen como ejemplos una serie de pseudo-antihéroes que no llegan siquiera a esa necesidad de ser las sombras entre las que brille alguna luz.
Somos la generación de los desheredados de valores intrínsecos como el amor, como la búsqueda de la verdad... ¿hemos fagocitado la moral hasta el punto de que nos resulta indigesta? ¿Es esa la razón de que seamos incapaces de traer al mundo obras maestras, héroes del día a día? No comprendo que novelas de medio pelo sean best-sellers y hayamos perdido de vista a los clásicos.
Deberíamos leer a Horacio de rodillas, como solía decirnos un gran profesor al que admiraba (aunque no le llamara de usted, ni me hablara desde un atril). Y es que las formas no hacen el fondo y si queremos respeto, tenemos que ganárnoslo. Seamos ejemplo, seamos héroes y sembremos, porque lo que estamos haciendo en este momento es desandar el camino que han forjado muchos con gran esfuerzo y la tierra que no se alimenta yace yerma.
¿Significa eso que los dioses, los semidioses y los héroes no se debatieran entre sus propias contradicciones? Todo lo contrario, eran nuestro reflejo y como tal, en ellos proyectábamos nuestras dudas, nuestras disyuntivas y miserias...

Cuando te sumerjes en el intrincado lenguaje del siglo XXI parece que no hay cabida para nada que se salga de lo desagradable y estomagante. Los planos se emborronan, la imagen queda cubierta de una densa pátina de pringue e interferencias, la cámara se mueve como loca, los personajes se ahogan en la carencia de un destino deseable o deseado al menos, y quedan estancados en las alcantarillas de la autodestrucción y la psicopatía. No es que nuestras obras generen antihéroes, esos al menos, en contraposición con sus antagonistas, reflejan la necesidad de ser exactamente lo contrario, me refiero a que realmente se proponen como ejemplos una serie de pseudo-antihéroes que no llegan siquiera a esa necesidad de ser las sombras entre las que brille alguna luz.
Somos la generación de los desheredados de valores intrínsecos como el amor, como la búsqueda de la verdad... ¿hemos fagocitado la moral hasta el punto de que nos resulta indigesta? ¿Es esa la razón de que seamos incapaces de traer al mundo obras maestras, héroes del día a día? No comprendo que novelas de medio pelo sean best-sellers y hayamos perdido de vista a los clásicos.
Deberíamos leer a Horacio de rodillas, como solía decirnos un gran profesor al que admiraba (aunque no le llamara de usted, ni me hablara desde un atril). Y es que las formas no hacen el fondo y si queremos respeto, tenemos que ganárnoslo. Seamos ejemplo, seamos héroes y sembremos, porque lo que estamos haciendo en este momento es desandar el camino que han forjado muchos con gran esfuerzo y la tierra que no se alimenta yace yerma.
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18 de febrero de 2009
Palabras que llaman a otras palabras
La casualidad no existe amigos... son las palabras, nuestras compañeras cotidianas, las que se atraen entre sí. A veces no hace falta formularlas en alta voz puesto que el mero pensamiento hace que la deixis en fantasma de pronto se transforme en una sincronicidad. ¿Qué diría Auster? No lo sé.
Os cuento: como sabéis estoy haciendo un master en el que hemos creado una editorial ficticia. Se llama Cronopia Editores, en homenaje a nuestro amigo Julio Cortázar. En fin, tenemos que seguir los pasos habituales para la edición de una obra y hemos escogido "Rosas blancas para Wolf". El caso es que una tarea era leer la obra, documentarla y escribir una reseña sobre ella. Bien, la leí en dos tardes, porque me enganchó mucho (para quien no lo sepa tengo una relación de amor-odio con el nazismo: me repugna sobre todas las cosas, pero me fascinan las obras que versan sobre esa época... he visto mil pelis: "El juicio de Nüremberg", "Odessa", documentales sobre los campos de concentración y exterminio, entrevistas a supervivientes... en fin, de todo un poco). Me temo que esa fascinación nace directamente de mi incapacidad para comprender las atrocidades que se cometieron y que busco y rebusco una explicación, sin otro fin que golpearme la testa contra el muro de tanta inhumanidad. La obra habla, entre otras muchas cosas, de una organización que yo no conocía: la Rosa Blanca. Se trataba de una suerte de resistencia pacífica nacida en la Universidad de Münich, encabezada por estudiantes disidentes del régimen, cuyo final podéis imaginar. Pues era la primera vez que oía algo sobre el tema y me meto en el metro pensando en la valentía de aquellos pacifistas y ¡ZAS! tengo una mujer enfrente leyendo un libro que se titula: "LA ROSA BLANCA". ¿Podéis imaginar mi desconcierto? He estado a punto de levantarme y preguntarle ¿Dónde esconde la cámara, señora?
No os dejéis engañar, no poseemos las palabras, ellas nos poseen a nosotros, nos zarandean y nos llevan donde quieren. Por el momento yo me dejo llevar ¿qué otra cosa puedo hacer?
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NAZISMO
17 de febrero de 2009
Flores de la pluma
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que quedan, las [ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?
Miguel de Unamuno
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