Taller Encantado

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3 de noviembre de 2010

De aires y ánimas

Un Día de Todos los Santos diferente. Menos festivo, más reflexivo, pero siempre en compañía de los seres queridos, recordando a los que no están ya. Recorriendo sus rostros en las fotografías para dejar impresa su huella en nuestra retina. Atrapando cada gesto, rememorando su risa. Las cosas que les gustaban y las que no, su forma de hacer las cosas, su ropa, su olor. Aprendiendo a vivir con un vacío. Interpretando el silencio de los demás para saber cuándo compartirlo y cuándo romperlo. Recibiendo el cariño de mucha gente, algunos de forma muy íntima, otros mucho más bulliciosos, pero todos unidos por un desencuentro, por una fría lápida a la que se le insufla el calor humano poblándola de flores.


Día de gran emotividad, con los nervios a flor de piel; luego ya en el calor del hogar, presentados los respetos podemos descansar, recordar, revivir, con una sonrisa. Es lo que ocurre con las personas buenas que no han ido sino sembrando el respeto y la admiración con cada acción y con cada palabra. Ojalá que seamos dignos de estar en las mentes y los corazones de los demás tanto como los que se nos han ido.

21 de octubre de 2010

Después del silencio

Y de repente, el vértigo de la imposibilidad del anonimato y de saber que lo que sale de mi boca lo puede leer todo el mundo, y de que la literatura rompe los márgenes de la intimidad entre tú y yo y ya todo llega a todas partes, y los relatos son ubicuos y tu lejanía infinitamente finita.

El cazador cazado: cuando el escritor lanza el mensaje, deja de ser suyo, se desprende como ente autónomo para gozarse en otros labios, para susurrarse en otros oídos y para volar libre de ser preso.

Las palabras que se nos desprenden de la mente sufren una suerte de metamorfosis parecida a la muerte o a la revelación. Se renuevan y se expanden o se asfixian y desfallecen... Les deseo a todas y cada una de ellas la mejor de las fortunas cuando comiencen su peregrinaje. Puede que regresen algún día, de otra forma, con otras melodías, en otros idiomas... Ya no mías, ya de nadie.

18 de agosto de 2009

La Dama Blanca I


De las noches en La Dama Blanca me queda solo la resaca de nicotina y la aversión visceral a las sonrisas torcidas que huelen a esa mezcla de eucalipto y alcohol barato. Me cansé de sacudirme las miradas de los tacones y las medias de raso tanto como de despejar la barra de borrachos tristes, de esos que solo hablan con la botella hasta que la botella les habla a ellos.

Allí conocí a la clase de tipos que solo puedes conocer en un antro que abre hasta el amanecer, cuando los gatos, que son los verdaderos amos de la ciudad nocturna, estiran sus flexibles cuerpos ante la llegada de los primeros rayos de sol y yo tengo que retocar de nuevo mis pestañas apelmazadas y la máscara que cubre ese cansancio denso de pasar la noche en pie espantando moscones y vigilando la caja. Por supuesto también pude ver que la escoria no sólo nace en los agujeros malolientes sino que se hace, a imagen y semejanza de la basura que respira a su alrededor.

Cada noche asistía a un nuevo desfile de coristas emplumadas, tipos "duros" de esos que se echan a llorar hablando de su infancia a la tercera copa y todo un variopinto repertorio de esperpentos, unos deslenguados, otros retraídos, unos mirones empedernidos, otros que estaban deseando desplomarse para tener un suelo donde dormir un par de horas. Por decirlo de alguna manera era el clásico último garito en el que acababas si no tenías otro lugar al que ir.

Puede que los únicos que estuvieran allí por gusto fueran los chicos de la banda. Desde luego, esos genios podían pasar toda la noche improvisando sus canciones. Nunca hablaban con nadie, ni dejaban su instrumento, parecían estar muy lejos, tocando esas canciones que olían a melancolía y tenían el mismo tacto que los sueños rotos que nos congregaban a todos allí una noche tras otra. Las chicas que bailaban allí delante de un decorado tan irreal como sus propios cuerpos zarandeánsose sobre el escenario pertenecían a un mundo ajeno al de los hombres grises y beodos que trataban de regurgitar agrios piropos mientras no podían evitar perder una dignidad que quizás nunca tuvieron.

Esas noches en La Dama Blanca fueron mi escuela en la vida. Por eso nunca confundiré una mirada lánguida con la de un embaucador embustero, ni el amor con el capricho pasajero que nace a la sombra de un bourbon. Cuando se sale del agujero solo se puede ir a mejor, al menos hasta eliminar la media sonrisa impuesta por esos humoristas de rancia pajarita que no consiguen reprimir sus bufonadas sin gracia: más que hacer reír hacen sangrar las pupilas soñolientas de los parroquianos.

16 de marzo de 2009

Extraña despedida

Me han dicho muchas veces adiós, hasta pronto o sencillamente ya nos veremos por ahí. También he sentido despedidas encubiertas en un beso o he recibido una carta que suponía el final. Incluso en numerosas ocasiones sin adivinar la despedida (que nunca llegó como tal) algunas personas han desaparecido de mi vida. A algunas de ellas en algún momento las eché o echaré en falta, otras se han desvanecido para mi alivio y paz mental, con un poco de suerte para siempre.
Lo que jamás me ha había pasado es que alguien se despidiera de mí con un abrazo sincero y con las siguientes palabras: "Que Dios te bendiga y ponga suerte en tu camino, paz y prosperidad". Me ha dejado atónita la actitud, la mirada, obviamente, la frase y el sentimiento con el que se han expresado las palabras. Está bien transmitir buenos sentimientos a aquellas personas a las que aprecias y sabes que es probable que no vuelvas a ver, a aquellos que han alegrado algunos momentos de tristeza o que sencillamente estaban en tu camino y te acompañaron un trecho, aligerando el tedio del día a día. Lo más bonito es que lo hagan así, tal y como les sale del corazón, con la voz un tanto trémula pero con la firmeza de quien se pierde en el horizonte con toda la dignidad de haber sabido despedirse.
Adiós, puede que el caprichoso devenir del tiempo nos ponga de nuevo el uno al lado del otro.

Sitios que he visitado