Aroma de café matutino, el periódico bajo el brazo y el sueño grabado a fuego en los ojos. Teo iba a la oficina dejando que su mirada quedara prendida de cualquier hermosa muchacha, pero antes, un sueñecito en el tren le haría bien, es más, lo necesitaba para reponer fuerzas. No todos los días se le pegaban tanto las sábanas, pero esa víspera, inolvidable, le había dejado agotado y no podía ni debía llegar tarde al trabajo. Se sentía dichoso, extasiado, feliz, recordando el placer que había sentido, al menos hasta que se percató de la mancha de sangre.
18 de junio de 2010
Aroma de café
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15 de junio de 2010
Sálvame de morir ahogado
Sálvame de morir ahogado entre las aguas, rescátame de la tempestad. Tómame de la mano y corramos descalzos por la orilla. Dejemos que la brisa salina se cuele dentro de nuestras camisas, que la marea nos sorprenda jugando en la arena. Dame la oportunidad de escapar del tedio, de liberarme de las cadenas y gritar libre mientras me arrojo a un mar en calma. Podemos nadar hasta cansarnos, hasta arribar a playas limpias de las que esconden tesoros ignotos. Buscaremos un vergel colmado de dulcísimos frutos y viviremos al aire y al sol mientras el tiempo se encarga de borrar las huellas del pasado. Podremos escuchar el mar en una caracola y trepar a las palmeras. Seremos uno renaciendo en paz con la naturaleza lejos de máquinas y artificios. Se acabarán los miedos, las dudas, las obligaciones. Toda una vida por delante para vivirla de veras.

Sálvame de morir ahogado. Abre el cuello de mi camisa, afloja el nudo de la corbata, masajea mi pecho, porque me ahogo lejos del mar. Prisionero entre muros de hormigón y vigas de hierro. Desfallezco aniquilado por la inmensidad de las deshumanizadas ciudades que nos acogen hacinados aspirando gases y envenenando nuestras almas. Rescátame de entre estas ruinas que son mi alma y mi cuerpo, que arde en llamas invisibles por remontar el vuelo. Llévame contigo muy lejos, a un lugar en el que no viva a través de los demás, anclado al tic tac de un reloj implacable que se lleva mi vida, vacía.
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Volver a nacer
Nunca tuve suerte. Nací pobre, no tuve educación. Crecí preocupándome siempre por tener dinero suficiente en el bolsillo para mí y para poder criar en condiciones a mi hermana. Empecé a trabajar muy joven, mucho. No estoy seguro, pero creo que mi primer empleo fue cargar sacos de patatas. Mi padre murió joven, se cayó de la obra en la que trabajaba. De mi madre me acuerdo aún menos, nos dejó antes aún. Conservo una foto vieja, de esas que hacían antes las cámaras en un formato cuadrado. Los bordes están gastados y aunque la cuido, se estropea cada año un poco más. Nunca la llevo encima, no quisiera perderla. La guardo en una caja de galletas de latón,que me trae muchos buenos recuerdos. Pienso que cuando el tiempo haya devorado la fotografía, perderé a mi madre para siempre y es la única familia que me queda. Cuando Joan cumplió los 16 se escapó. La busqué, puse carteles por las calles, hice de todo para intentar recuperarla, pero creo que necesitaba abrir las alas y echarse a volar. Como las crías de las golondrinas. Necesitaba buscar su propio nido, ser independiente.
Ahora estoy solo. Tengo un trabajo estable de vigilante nocturno. A veces echo una pequeña cabezada sin querer. Pero es igual, si no, sueño despierto. Siempre me ronda la cabeza si será cierto eso que dicen de que uno puede volver a nacer. Algo así como estar en otro cuerpo. Por las mañanas estoy haciendo un cursillo de esos que son gratuitos para aprender informática. Se me da un poco mal, pero creo que hay que insistir. A lo mejor no hay que morirse para volver a nacer. A lo mejor solo hay que buscar la fortuna. Desde luego, hasta ahora parece que huye de mí, pero cualquier día de estos, las cosas cambiarán. Incluso puede que Joan una mañana llame a la puerta de mi apartamento. Puede que a ella las cosas le hayan ido bien, puede que sea feliz. Eso es al menos lo que quiero pensar. Que es libre, allá donde esté y que pronto nos veremos siendo otros, dejando atrás los recuerdos.
Ahora estoy solo. Tengo un trabajo estable de vigilante nocturno. A veces echo una pequeña cabezada sin querer. Pero es igual, si no, sueño despierto. Siempre me ronda la cabeza si será cierto eso que dicen de que uno puede volver a nacer. Algo así como estar en otro cuerpo. Por las mañanas estoy haciendo un cursillo de esos que son gratuitos para aprender informática. Se me da un poco mal, pero creo que hay que insistir. A lo mejor no hay que morirse para volver a nacer. A lo mejor solo hay que buscar la fortuna. Desde luego, hasta ahora parece que huye de mí, pero cualquier día de estos, las cosas cambiarán. Incluso puede que Joan una mañana llame a la puerta de mi apartamento. Puede que a ella las cosas le hayan ido bien, puede que sea feliz. Eso es al menos lo que quiero pensar. Que es libre, allá donde esté y que pronto nos veremos siendo otros, dejando atrás los recuerdos.
10 de junio de 2010
Mientras tenga dudas
Espero no alcanzar a contestar nunca todas mis preguntas, seguir siempre teniendo dudas, voluntad de esclarecerlas y medios para alimentar mi curiosidad. Dudar me hace sentir viva. Saber que nada es determinante, que cada camino que se abre se bifurca en mil brazos y que nadie se encuentra en poder de la verdad absoluta. Ese es el germen de la investigación, es el aliento del explorador y las alas de la curiosidad que mueve el mundo a avanzar.
El interrogante ha dejado en vela a más mentes brillantes que la certeza, a la que a duras penas se llega para luego no poder seguir adelante. Las eternas incógnitas son las que nos fuerzan a sabernos limitados e imperfectos y a recorrer sendas para poder llegar a algún lugar, siempre indeterminado y siempre final. Lo importante es el viaje que hagamos. Lo desplegados que tengamos los sentidos para poder disfrutar el camino y extraerle el jugo a la vida. Sentir, besar, amar, soñar, sufrir, ver, correr, aprender... llegar no es más que otra forma de morir.
Mientras tenga dudas, estaré ojo avizor, con la mente despejada y trabajando, con las ideas fluyendo para derrramarse en un papel y unas inmensas ganas de vivir ¿me acompañas?
El interrogante ha dejado en vela a más mentes brillantes que la certeza, a la que a duras penas se llega para luego no poder seguir adelante. Las eternas incógnitas son las que nos fuerzan a sabernos limitados e imperfectos y a recorrer sendas para poder llegar a algún lugar, siempre indeterminado y siempre final. Lo importante es el viaje que hagamos. Lo desplegados que tengamos los sentidos para poder disfrutar el camino y extraerle el jugo a la vida. Sentir, besar, amar, soñar, sufrir, ver, correr, aprender... llegar no es más que otra forma de morir.
Mientras tenga dudas, estaré ojo avizor, con la mente despejada y trabajando, con las ideas fluyendo para derrramarse en un papel y unas inmensas ganas de vivir ¿me acompañas?
Juego de niños
Como hija de la noche, la pequeña Violet no podía evitar sentirse atraída por la blanca luz de la luna. Se filtraba a través de las vaporosas cortinas de su estancia hasta alcanzar su carita de plata y sacarla de su frágil letargo.
Entonces, se deslizaba silenciosa sábanas abajo y caminaba descalza, despacio, como para no despertar a las estrellas. Su cabello ensortijado y libre le cubría los hombros protegiéndola del frío de la noche mientras abría los amplios ventanales que daban acceso al cielo. Lentamente, se encaramaba al alféizar y su pequeño y ligero cuerpecito trepaba ágil hasta el tejado. Allí, sobre la negra pizarra, su blanco camisón parecía centellear para comunicarse con sus hermanos astros mientras decenas de ojos en la noche la buscaban sin descanso. Cuando una nube ocultaba la luna, los veía acercarse a ella, pero no sentía ningún miedo. Eran parte de su familia, y venían a ella al verla refulgir a la luz de la luna. La oscuridad no acertaba a ocultar ese resplandor para los felinos que acudían a protegerla.
A pesar de no contar más de seis años, Violet sabía quien era. No era la hija del conde, ni una brillante estudiante de piano. No era la heredera de una inmensa fortuna, ni una insomne criatura alentada por la belleza de la naturaleza. Al menos no era solo eso. Era algo más. La reencarnación de una diosa. La responsable y protectora de las criaturas de la noche. O quizás aquello no era más que un juego de niños.
Entonces, se deslizaba silenciosa sábanas abajo y caminaba descalza, despacio, como para no despertar a las estrellas. Su cabello ensortijado y libre le cubría los hombros protegiéndola del frío de la noche mientras abría los amplios ventanales que daban acceso al cielo. Lentamente, se encaramaba al alféizar y su pequeño y ligero cuerpecito trepaba ágil hasta el tejado. Allí, sobre la negra pizarra, su blanco camisón parecía centellear para comunicarse con sus hermanos astros mientras decenas de ojos en la noche la buscaban sin descanso. Cuando una nube ocultaba la luna, los veía acercarse a ella, pero no sentía ningún miedo. Eran parte de su familia, y venían a ella al verla refulgir a la luz de la luna. La oscuridad no acertaba a ocultar ese resplandor para los felinos que acudían a protegerla.
A pesar de no contar más de seis años, Violet sabía quien era. No era la hija del conde, ni una brillante estudiante de piano. No era la heredera de una inmensa fortuna, ni una insomne criatura alentada por la belleza de la naturaleza. Al menos no era solo eso. Era algo más. La reencarnación de una diosa. La responsable y protectora de las criaturas de la noche. O quizás aquello no era más que un juego de niños.
Eurovision 2010
Ya estaba tardando en hacer la valoración de la gala de este año. No, no hablaré del pelma que se coló en el escenario, ni de la ridícula multa impuesta por la organización al conocidísimo personaje. Lo que sí diré es que en España no tenemos criterio: o mandamos a Chiquilicuatre (por cierto, ya no será lo mismo bailar el maikelyason con el rey del pop bajo tierra) o nos representa un "Ballet Bolsoi" con el que no creo que se identifique ni el tato.
En fin, dicho esto paso a la chicha: mucha baladita insufrible, mucha fórmula trillada y requetetrillada y DEMASIADO inglés. Que me expliquen que hace Bielorrusia, Albania o Turquía cantando en un idioma que le es del todo ajeno.
Eso sí, si se va a defender una buena balada, de esas que no te provocan ganas de suicidarte al cabo de cinco segundos, que sea con el vozarrón de la irlandesa Niamh Kavanagh (Irlanda) o si llevas por bandera una canción popera, que la interprete una acertadísima Juliana Pasha (Albania) o una Hera Björk (Islandia) en estado de gracia. Muy, pero que muy lejos, quedaba en mi opinión la canción de Georgia, (incomprensiblemente favorita) que tenía la sensación de haber escuchado mil veces.
Aunque el folclore no sea santo de mi devoción en este tipo de eventos, los serbios apostaron fuerte con algo diferente, que tenía un fondo al más puro estilo Kusturica y me encantó. Rumanía con el doble teclado también intentó hacer algo diferente, con un dueto que sonaba bien, con ecos de músicas ya oídas pero cómodas y agradables y vive dios que Paula Seling canta ¡y cómo!
Lo que más he echado de menos: originalidad, apuestas por ritmos diferentes y por qué no decirlo, un toque de irreverencia. Es quizás eso lo que se ha valorado para que Lena ganara este certamen, esa frescura y dulce rebeldía encriptada en una voz espléndida.
El vídeo del dúo rumano no tiene desperdicio...
En fin, dicho esto paso a la chicha: mucha baladita insufrible, mucha fórmula trillada y requetetrillada y DEMASIADO inglés. Que me expliquen que hace Bielorrusia, Albania o Turquía cantando en un idioma que le es del todo ajeno.
Eso sí, si se va a defender una buena balada, de esas que no te provocan ganas de suicidarte al cabo de cinco segundos, que sea con el vozarrón de la irlandesa Niamh Kavanagh (Irlanda) o si llevas por bandera una canción popera, que la interprete una acertadísima Juliana Pasha (Albania) o una Hera Björk (Islandia) en estado de gracia. Muy, pero que muy lejos, quedaba en mi opinión la canción de Georgia, (incomprensiblemente favorita) que tenía la sensación de haber escuchado mil veces.
Aunque el folclore no sea santo de mi devoción en este tipo de eventos, los serbios apostaron fuerte con algo diferente, que tenía un fondo al más puro estilo Kusturica y me encantó. Rumanía con el doble teclado también intentó hacer algo diferente, con un dueto que sonaba bien, con ecos de músicas ya oídas pero cómodas y agradables y vive dios que Paula Seling canta ¡y cómo!
Lo que más he echado de menos: originalidad, apuestas por ritmos diferentes y por qué no decirlo, un toque de irreverencia. Es quizás eso lo que se ha valorado para que Lena ganara este certamen, esa frescura y dulce rebeldía encriptada en una voz espléndida.
El vídeo del dúo rumano no tiene desperdicio...
Respirar hondo y contar hasta diez
Cada día y cada vez más frecuentemente, me veía necesitado de parar, respirar hondo y contar hasta diez para no mandar a alguien a la mierda o decirle cuatro cosas. Encontraba a todo el mundo torpe, indiscreto, vanidoso o simple. Me costaba relacionarme, me parecía imposible conectar con alguien porque todo el mundo representaba una amenaza a mi tranquilidad o peor aún, me parecía que era una cosa para los demás, que solo reclamaban mi atención para conseguir algo, utilizándome por puro interés como medio para obtener algún tipo de beneficio.
Me sentía impotente, rabioso y me enojaba con facilidad hasta tal punto que pensaba que un día estallaría, que no podría contener a la bestia que rugía en mi interior y pugnaba por salir. Sin embargo, respiraba, contaba y nadie a mi alrededor llegaba siquiera a sospechar de mis verdaderos pensamientos. Era un ciudadano ejemplar. Siempre atento, siempre dispuesto, siempre dulce y servicial.
Entonces llegaste tú. Nunca pensé que pudiera existir alguien así, con tal capacidad para hacerme cambiar. Tú y solo tú. Soñaba contigo, fantaseaba con tu presencia a cada instante. Cuando no estabas, tu fantasma seguía flotando en la estancia, como si siguieras allí tanto o más que cuando tu presencia era física. Solo tú lo conseguías. Tú lo eras absolutanmente todo. Nadie más que tú.
Tú me enfermabas hasta el extremo de descubrir mi máscara de odio, mi repugnancia hacia el ser humano, mi profunda aversión a los idiotas que me rodeaban. Eras la cúspide de las desgracias que recorren todas las vidas, encarnabas todos los vicios y las inaptitudes de las que siempre quise huir y para colmo eras como la sombra pegada a mis zapatos. Tú y solo tú. Tú lo eras todo. Por eso ahora no eres nada. Escribiré con gusto tu epitafio.
Me sentía impotente, rabioso y me enojaba con facilidad hasta tal punto que pensaba que un día estallaría, que no podría contener a la bestia que rugía en mi interior y pugnaba por salir. Sin embargo, respiraba, contaba y nadie a mi alrededor llegaba siquiera a sospechar de mis verdaderos pensamientos. Era un ciudadano ejemplar. Siempre atento, siempre dispuesto, siempre dulce y servicial.
Entonces llegaste tú. Nunca pensé que pudiera existir alguien así, con tal capacidad para hacerme cambiar. Tú y solo tú. Soñaba contigo, fantaseaba con tu presencia a cada instante. Cuando no estabas, tu fantasma seguía flotando en la estancia, como si siguieras allí tanto o más que cuando tu presencia era física. Solo tú lo conseguías. Tú lo eras absolutanmente todo. Nadie más que tú.
Tú me enfermabas hasta el extremo de descubrir mi máscara de odio, mi repugnancia hacia el ser humano, mi profunda aversión a los idiotas que me rodeaban. Eras la cúspide de las desgracias que recorren todas las vidas, encarnabas todos los vicios y las inaptitudes de las que siempre quise huir y para colmo eras como la sombra pegada a mis zapatos. Tú y solo tú. Tú lo eras todo. Por eso ahora no eres nada. Escribiré con gusto tu epitafio.
Océanos, universos de ingravidez
Esta obra rezuma poesía desde el primer fotograma hasta el último. Nos muestra la biodiversidad de las aguas en su estado más puro: podemos sentir la respiración de los habitantes de los mares, oír sus gemidos, apreciar el batir de sus aletas en el líquido elemento y sobre todo, ser espectadores de su lucha por sobrevivir…
La cuidadídisima fotografía es producto del esfuerzo conjunto de todo un equipo de especialistas en grabación submarina y terrestre. El nivel de precisión que se alcanza es tal que el espectador puede sentir que baila con las ballenas o que se sumerge en bancos de peces plateados. Sobre todo llama la atención el respeto de los investigadores y los equipos de submarinistas que han hecho posible que podamos ver la fauna marina como nunca. Y en pantalla grande, ¡qué belleza!
Es de reseñar el esfuerzo realizado para grabar en horas bajas de luz, mostrando el gran azul teñido por la paleta de los cielos así como el acercamiento extremo a toda clase de especies: etéreas medusas, tiburones grises, estrellas de mar… Las serpientes ralladas de mar fluyen hipnotizando al espectador tanto o más que los rechonchos pingüinos que se introducen en orificios redondos del hielo o las focas que abrazan a sus vástagos bajo las aguas.
A esta encomiable labor se une la colaboración de la Agencia Espacial Europea, que nos regala planos imposibles en los que podemos salir del planeta Tierra y volver a penetrarlo dejando atrás tormentas eléctricas, nubes y aires indefinidos.
También las metáforas del océano como espacio extraterreno surcado por constelaciones de peces y miríadas de microorganismos cual estrellas flotantes, son de extraordinaria lucidez y nos recuerdan a un Stephen Hawking capaz de ver el universo en una cáscara de nuez.
Lamentablemente en un giro inesperado también nos alerta del inmenso daño que le estamos haciendo a nuestro propio hábitat. En el año dedicado por la ONU a la protección de la biodiversidad, se pone de relieve el exterminio de algunas especies marinas, la contaminación de las aguas, el paulatino deshielo de los Polos y con ello el gran interrogante ¿qué pasará con aquellas especies que ni siquiera hemos llegado a descubrir?
El ritmo, marcado fundamentalmente por la música y brevísimas incursiones de una voz en off que en absoluto lastra el espectáculo visual, es en ocasiones pausado y en otras desenfrenado, como lo es la actividad que se genera en el océano. Mientras que los grandes mamíferos marinos cantan en las profundidades de las aguas, los delfines hacen imposibles piruetas y las gaviotas se precipitan como flechas en busca de alimento.

Es en suma una obra que sobrecoge, asombra, abruma y despierta al espectador, sumido en un letargo que ya dura demasiado: es nuestra responsabilidad proteger la biodiversidad y conservar nuestras aguas.
La cuidadídisima fotografía es producto del esfuerzo conjunto de todo un equipo de especialistas en grabación submarina y terrestre. El nivel de precisión que se alcanza es tal que el espectador puede sentir que baila con las ballenas o que se sumerge en bancos de peces plateados. Sobre todo llama la atención el respeto de los investigadores y los equipos de submarinistas que han hecho posible que podamos ver la fauna marina como nunca. Y en pantalla grande, ¡qué belleza!
Es de reseñar el esfuerzo realizado para grabar en horas bajas de luz, mostrando el gran azul teñido por la paleta de los cielos así como el acercamiento extremo a toda clase de especies: etéreas medusas, tiburones grises, estrellas de mar… Las serpientes ralladas de mar fluyen hipnotizando al espectador tanto o más que los rechonchos pingüinos que se introducen en orificios redondos del hielo o las focas que abrazan a sus vástagos bajo las aguas.
A esta encomiable labor se une la colaboración de la Agencia Espacial Europea, que nos regala planos imposibles en los que podemos salir del planeta Tierra y volver a penetrarlo dejando atrás tormentas eléctricas, nubes y aires indefinidos.
También las metáforas del océano como espacio extraterreno surcado por constelaciones de peces y miríadas de microorganismos cual estrellas flotantes, son de extraordinaria lucidez y nos recuerdan a un Stephen Hawking capaz de ver el universo en una cáscara de nuez.
Lamentablemente en un giro inesperado también nos alerta del inmenso daño que le estamos haciendo a nuestro propio hábitat. En el año dedicado por la ONU a la protección de la biodiversidad, se pone de relieve el exterminio de algunas especies marinas, la contaminación de las aguas, el paulatino deshielo de los Polos y con ello el gran interrogante ¿qué pasará con aquellas especies que ni siquiera hemos llegado a descubrir?
El ritmo, marcado fundamentalmente por la música y brevísimas incursiones de una voz en off que en absoluto lastra el espectáculo visual, es en ocasiones pausado y en otras desenfrenado, como lo es la actividad que se genera en el océano. Mientras que los grandes mamíferos marinos cantan en las profundidades de las aguas, los delfines hacen imposibles piruetas y las gaviotas se precipitan como flechas en busca de alimento.

Es en suma una obra que sobrecoge, asombra, abruma y despierta al espectador, sumido en un letargo que ya dura demasiado: es nuestra responsabilidad proteger la biodiversidad y conservar nuestras aguas.
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