Taller Encantado

English cv French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified
Mostrando entradas con la etiqueta NOSTALGIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NOSTALGIA. Mostrar todas las entradas

15 de junio de 2010

Volver a nacer

Nunca tuve suerte. Nací pobre, no tuve educación. Crecí preocupándome siempre por tener dinero suficiente en el bolsillo para mí y para poder criar en condiciones a mi hermana. Empecé a trabajar muy joven, mucho. No estoy seguro, pero creo que mi primer empleo fue cargar sacos de patatas. Mi padre murió joven, se cayó de la obra en la que trabajaba. De mi madre me acuerdo aún menos, nos dejó antes aún. Conservo una foto vieja, de esas que hacían antes las cámaras en un formato cuadrado. Los bordes están gastados y aunque la cuido, se estropea cada año un poco más. Nunca la llevo encima, no quisiera perderla. La guardo en una caja de galletas de latón,que me trae muchos buenos recuerdos. Pienso que cuando el tiempo haya devorado la fotografía, perderé a mi madre para siempre y es la única familia que me queda. Cuando Joan cumplió los 16 se escapó. La busqué, puse carteles por las calles, hice de todo para intentar recuperarla, pero creo que necesitaba abrir las alas y echarse a volar. Como las crías de las golondrinas. Necesitaba buscar su propio nido, ser independiente.

Ahora estoy solo. Tengo un trabajo estable de vigilante nocturno. A veces echo una pequeña cabezada sin querer. Pero es igual, si no, sueño despierto. Siempre me ronda la cabeza si será cierto eso que dicen de que uno puede volver a nacer. Algo así como estar en otro cuerpo. Por las mañanas estoy haciendo un cursillo de esos que son gratuitos para aprender informática. Se me da un poco mal, pero creo que hay que insistir. A lo mejor no hay que morirse para volver a nacer. A lo mejor solo hay que buscar la fortuna. Desde luego, hasta ahora parece que huye de mí, pero cualquier día de estos, las cosas cambiarán. Incluso puede que Joan una mañana llame a la puerta de mi apartamento. Puede que a ella las cosas le hayan ido bien, puede que sea feliz. Eso es al menos lo que quiero pensar. Que es libre, allá donde esté y que pronto nos veremos siendo otros, dejando atrás los recuerdos.

20 de abril de 2010

La trampa de lo genuino

Cada cierto tiempo un revolucionario viene a recordarnos la importancia de ser genuino, de crear cosas nuevas, de ser diferente y especial en un ataque de verborrea impúdico. Trata de despertar al adolescente incomprendido que todos hemos sido no hace tanto, y que dormita siempre dispuesto a despertar y recordarnos lo mediocres que somos y lo que hemos abandonado nuestros sueños para tener una vida anodina.

A vosotros, tótems de la comunicación, creadores de tendencias, visionarios del porvenir y fauna varia, os digo que os guardeis vuestros consejos para los que os siguen con los ojos cerrados. Lo siento, pero no cuela. No es justo que nos digais que copiamos el pasado, es que sencillamente sin pasado no estaríamos aquí. Necesitamos conocer, estudiar, evolucionar. Pero no nos vendais la moto de que tenemos que ser nosotros mismos (¿quiénes vamos a ser si no? mientras no inventemos la transmutación...) ni de que tenemos que defender nuestra individualidad. Si no somos nada... y quien crea que es algo debería dejar de contemplarse el ombligo para darse cuenta de la vastedad de lo que le rodea. A lo mejor lo que nos hace falta es precisamente recordar, imbuirnos de la nostalgia del pasado, buscar en lo mejor de nuestras memorias para hacerlas renacer con nuevo esplendor.

Pero es más fácil hacernos creer que somos cafres enfrascados en la ingrata tarea de rebobinar la cinta del tiempo para clonar metonímicamente cuanto se nos antoja, así, inconexo, sin explicación ni razón aparente.

Negémonos a ser genuinos, seamos simplemente y olvidémonos de los bucles del tiempo, que inevitablemente nos llevarán queriéndolo o sin querer a recorrer los mismos senderos y nos traerán a todos buenos y malos recuerdos, pero en cualquier caso, nos adentrarán en la esencia de lo que somos y por qué.

3 de marzo de 2010

Nosotros

Los que vivimos divididos, a medio camino de ninguna parte. Los que nos sentimos desarraigados, pasajeros de trenes invisibles que nos conducen quién sabe a qué lugar. Los que nos despertamos pero seguimos soñando, siempre con el pensamiento un poco más allá de acá.

Nosotros, que no sabemos si vamos o venimos, que no estamos de vuelta de todo, sino más bien siempre yendo y viniendo. Los que nos perdemos en el infinito azul de un cielo inabarcable tanto o más que en la diminuta pequeñez de la partícula más ínfima que puede desentrañar nuestra pupila... nosotros, digo, somos afortunados. Porque podemos perdernos en los recovecos de un poema a medio garabatear en una servilleta de bar, abandonarnos a la contemplación de la belleza más absoluta inscrita en la mirada de un joven mohíno, o sencillamente experimentar el dulce éxtasis del Síndrome de Stendhal rozando las estrellas con la punta de los dedos.

Merece la pena no pertenecerle sino al devenir del tiempo, ser conscientes de nuestra finitud y nuestra insignificancia, porque eso es lo que nos hace sentir esa maravillosa sensación de alborozo y exquisito desasosiego, enamorados de la vida, esperando en calma su fin.

5 de marzo de 2009

Bendita nostalgia

A veces, cuando uno está muy triste y abatido, cuando ya no tiene fe en nada, ni puede confiar en nadie, cuando queda aplastado por su ceño fruncido, viene el ángel alado de la nostalgia a pintarle una sonrisa en la comisura de los labios.
Marcos se encontraba en plena vorágine autodestructiva de reproches y amarga pena cuando su ángel apareció. Al borde de un estanque, exhausto de llorar y agotado de pensar en su desgracia, vió cómo en las aguas se reflejaban unas blancas y enormes alas, de entre las cuales emergió una mirada violeta. No se asustó puesto que era un ser muy plácido aquel que venía a proporcionarle consuelo y alegría. Sus pálidas y ágiles manos se curvaron hasta formar una concavidad con la que contarle un secreto al oído.
Bajito, muy quedamente, el ángel le pidió que cerrara los ojos y recordara cuando era niño. Ahora Marcos no contaba más de seis años y venía su tío desde Francia. Le quería mucho, a pesar de que le habría visto tres veces en toda su vida. Él le acariciaba el pelo y mientras sonreía le decía que había algo detrás de su oreja. Y allí mismo, por arte de magia y al retirar su mano había al menos diez caramelos de distintos colores. A Marcos se le escapó una sonrisa de felicidad plena y al abrir los ojos estaba solo, pero la angustia había desaparecido.
Sólo yo conozco ese secreto, puesto que soy quien ayuda a los ángeles a arreglar sus plumas, a cuidar su nívea piel y a buscar los momentos felices de aquellos a quienes rescatamos de la tristeza. Y es un honor.

Sitios que he visitado