Los que vivimos divididos, a medio camino de ninguna parte. Los que nos sentimos desarraigados, pasajeros de trenes invisibles que nos conducen quién sabe a qué lugar. Los que nos despertamos pero seguimos soñando, siempre con el pensamiento un poco más allá de acá.
Nosotros, que no sabemos si vamos o venimos, que no estamos de vuelta de todo, sino más bien siempre yendo y viniendo. Los que nos perdemos en el infinito azul de un cielo inabarcable tanto o más que en la diminuta pequeñez de la partícula más ínfima que puede desentrañar nuestra pupila... nosotros, digo, somos afortunados. Porque podemos perdernos en los recovecos de un poema a medio garabatear en una servilleta de bar, abandonarnos a la contemplación de la belleza más absoluta inscrita en la mirada de un joven mohíno, o sencillamente experimentar el dulce éxtasis del Síndrome de Stendhal rozando las estrellas con la punta de los dedos.
Merece la pena no pertenecerle sino al devenir del tiempo, ser conscientes de nuestra finitud y nuestra insignificancia, porque eso es lo que nos hace sentir esa maravillosa sensación de alborozo y exquisito desasosiego, enamorados de la vida, esperando en calma su fin.
Nosotros, que no sabemos si vamos o venimos, que no estamos de vuelta de todo, sino más bien siempre yendo y viniendo. Los que nos perdemos en el infinito azul de un cielo inabarcable tanto o más que en la diminuta pequeñez de la partícula más ínfima que puede desentrañar nuestra pupila... nosotros, digo, somos afortunados. Porque podemos perdernos en los recovecos de un poema a medio garabatear en una servilleta de bar, abandonarnos a la contemplación de la belleza más absoluta inscrita en la mirada de un joven mohíno, o sencillamente experimentar el dulce éxtasis del Síndrome de Stendhal rozando las estrellas con la punta de los dedos.
Merece la pena no pertenecerle sino al devenir del tiempo, ser conscientes de nuestra finitud y nuestra insignificancia, porque eso es lo que nos hace sentir esa maravillosa sensación de alborozo y exquisito desasosiego, enamorados de la vida, esperando en calma su fin.

