Taller Encantado

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21 de junio de 2010

La salida

Me lo preguntaba a menudo, no podía evitarlo. Cuanto más trataba de sacar esa cuestión de mi cabeza, más parecía querer filtrarse entre mis reflexiones. Era la misma asfixiante sensación que tenía cuando no podía quedarme dormido y lo deseaba con tanta y tan infructuosa fuerza. Me desagradaba hasta la náusea esa maldita traición de mi mente, que me paralizaba y me dejaba a merced de mis demonios.

Con el ceño fruncido, las manos en los bolsillos y el andar afectado, me sorprendí caminando y conjurando a todos los dioses que me dejaran descansar de esas reflexiones a las que estaba condenado, pero nada surtió efecto. Después pensé que quizás la música me absorbería los sesos, de modo que tomé el primer disco que cayó en mis manos y lo reproduje tan alto como me fue posible. Aunque tuve unos minutos de paz, al cabo mi mente vagaba de nuevo por las dudas y contradicciones que trataba de sortear, y de nuevo comenzaba a razonar en baja voz, cavilando sin descanso, volviendo una y otra vez a los mismos lugares.

No podía dejarme vencer así, de modo que salí de nuevo a la calle, dispuesto a liberarme a cualquier precio de aquellos invisibles fantasmas que me estrangulaban los pensamientos. Comenzó a llover, primero tímidamente, luego con fuerza, y aquel golpeteo del agua no hizo sino seguir taladrando mi ya de por sí hastiada razón. Eché a correr, desesperado, llevándome las manos a la cabeza como si así pudiera sacar de ella mi oscuros pensamientos, corrí como un loco hasta llegar a aquel portón. Luego solo recuerdo que así con fuerza la aldaba y golpeé aquella puerta como si fuera mi única posible salvación.

15 de junio de 2010

Sálvame de morir ahogado

Sálvame de morir ahogado entre las aguas, rescátame de la tempestad. Tómame de la mano y corramos descalzos por la orilla. Dejemos que la brisa salina se cuele dentro de nuestras camisas, que la marea nos sorprenda jugando en la arena. Dame la oportunidad de escapar del tedio, de liberarme de las cadenas y gritar libre mientras me arrojo a un mar en calma. Podemos nadar hasta cansarnos, hasta arribar a playas limpias de las que esconden tesoros ignotos. Buscaremos un vergel colmado de dulcísimos frutos y viviremos al aire y al sol mientras el tiempo se encarga de borrar las huellas del pasado. Podremos escuchar el mar en una caracola y trepar a las palmeras. Seremos uno renaciendo en paz con la naturaleza lejos de máquinas y artificios. Se acabarán los miedos, las dudas, las obligaciones. Toda una vida por delante para vivirla de veras.


Sálvame de morir ahogado. Abre el cuello de mi camisa, afloja el nudo de la corbata, masajea mi pecho, porque me ahogo lejos del mar. Prisionero entre muros de hormigón y vigas de hierro. Desfallezco aniquilado por la inmensidad de las deshumanizadas ciudades que nos acogen hacinados aspirando gases y envenenando nuestras almas. Rescátame de entre estas ruinas que son mi alma y mi cuerpo, que arde en llamas invisibles por remontar el vuelo. Llévame contigo muy lejos, a un lugar en el que no viva a través de los demás, anclado al tic tac de un reloj implacable que se lleva mi vida, vacía.

Sitios que he visitado