Taller Encantado

English cv French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified
Mostrando entradas con la etiqueta MAR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MAR. Mostrar todas las entradas

15 de junio de 2010

Sálvame de morir ahogado

Sálvame de morir ahogado entre las aguas, rescátame de la tempestad. Tómame de la mano y corramos descalzos por la orilla. Dejemos que la brisa salina se cuele dentro de nuestras camisas, que la marea nos sorprenda jugando en la arena. Dame la oportunidad de escapar del tedio, de liberarme de las cadenas y gritar libre mientras me arrojo a un mar en calma. Podemos nadar hasta cansarnos, hasta arribar a playas limpias de las que esconden tesoros ignotos. Buscaremos un vergel colmado de dulcísimos frutos y viviremos al aire y al sol mientras el tiempo se encarga de borrar las huellas del pasado. Podremos escuchar el mar en una caracola y trepar a las palmeras. Seremos uno renaciendo en paz con la naturaleza lejos de máquinas y artificios. Se acabarán los miedos, las dudas, las obligaciones. Toda una vida por delante para vivirla de veras.


Sálvame de morir ahogado. Abre el cuello de mi camisa, afloja el nudo de la corbata, masajea mi pecho, porque me ahogo lejos del mar. Prisionero entre muros de hormigón y vigas de hierro. Desfallezco aniquilado por la inmensidad de las deshumanizadas ciudades que nos acogen hacinados aspirando gases y envenenando nuestras almas. Rescátame de entre estas ruinas que son mi alma y mi cuerpo, que arde en llamas invisibles por remontar el vuelo. Llévame contigo muy lejos, a un lugar en el que no viva a través de los demás, anclado al tic tac de un reloj implacable que se lleva mi vida, vacía.

30 de noviembre de 2009

Ella

Marina es el brillo deslucido de una foto en penumbra. No creas que es poco para mí, pues es más bien un tesoro... como esos que guardábamos de niños en las cajas de latón de las galletas, o que escondíamos de los ojos impertinentes que no tuvieran nuestro permiso para acceder a la quintaesencia preservada en un trozo de papel o en una entrada de cine roída por el roce de los vaqueros. Las horas transcurren ligeras mientras mi mirada acaricia una y otra vez ese perfil cubierto por el velo de la sombra.


Así, anónima en su abstracción, Marina puede ser todo lo que yo quiera que sea. Sus ojos pueden estar mirándome al fin con ternura, su sonrisa pícara puede presagiar un beso furtivo. Reposa su figura en la más exquisita de las inconcreciones, callando el secreto de sus pensamientos como lo hiciera siempre, por más que yo pretendiera arrebatárselo e incluso plasmarlo en una fotografía, ¡qué ilusa! ¿Acaso me atreví a amarla alguna vez? Solo en la intimidad de mi imaginación fui consciente de la veneración que llegué a sentir por aquel ser que parecía de otro mundo. Si concentro mi atención en sus cabellos, presumo que puedo sentir su tacto sedoso, si atisbo sus breves labios, siento su calor en los míos.

Marina viene y va, como el mar, las oleadas de su recuerdo van invadiéndolo todo hasta que la marea sube todo cuanto es posible. Luego, vuelve a bajar y la superficie de su retrato se torna fría, distante, incognoscible de nuevo. Pero sé que volverá de nuevo a anegar mi entendimiento, a ahogar mi llanto, a sofocar mi pena y es entonces cuando la quiero más, cuando más deseo estrechar su mano difusa, rozar su cuello y fundirme con su cuerpo y su alma. Ser en fin, las dos una, aunque siempre preferiré morar entre las sombras a su lado y vivir entre los murmullos que le susurre al oído a que Marina salga de su figuración para terminar sollozando en los precisos vértices de la realidad enclaustradora.

13 de abril de 2009

Morfología de la soledad


Los lugares costeros inculcan cierto carácter austero en las gentes vinculadas a la mar por profesión o por melancolía. Las personas que habitan en sí mismas muestran soledades sonoras, retumbantes y plenas y las exhiben sin remordimiento ni vergüenza por el qué dirán. Bastante tienen con soportar el tedio, la infinita extensión de las horas sin otra compañía que la nada en derredor y quizás de rumor y la bruma de las olas rompientes resonando en la cabeza.

En los cafés y en los bancos de las calles, en los puertos como en los profundos valles se encuentran ancianos recostados, poetas frustrados, viandantes extraviados y árboles secos. Mil y una formas de soledad, como la de los cementarios erigidos sobre rocas en abismo o la de las casas perdidas en la niebla asediadas por la hiedra y el polvo del tiempo.

En el eco de las cascadas como en el nacimiento de los arco-iris resuena la canción de los cautivos del mar, de aquellos que tras la estrepitosa tormenta, el granizo o la nieve siguen anhelantes el sonido de los pasos perdidos, las huellas imborrables de tiempos de festejo y acogida en una gran familia ahora desmembrada y sometida a las acometidas del mar.

Asturias es agua y soledad.

12 de febrero de 2009

Sitges y el mar

Arriba y abajo, el cielo y su espejo, el mar, se funden.
El vagar de los anhelos y el frío suelo son uno solo al caminar.
Levanta la mirada, déjala volar, o clávala en el suelo, no dejes de soñar.

30 de enero de 2009

Pasan los días despacio...


... como arena que resbala entre los dedos, o las nubes que se lleva el viento. Tiempo que se va para no volver (incluso para la medusita transdiferenciadora). Tiempo que todo lo arrastra con una suave brisa, como un suspiro que nos arranca la nostalgia del pecho.

... como el mar viene y va se suceden los ciclos y las estaciones. Siempre lo mismo y siempre algo nuevo y diferente. La vida es el choque violento de los tiempos: el reloj interno de nuestros cuerpos, el estadío biológico del individuo, la coyuntura histórica, la macroestructura social y el deber personal. Dice Punset que la felicidad del individuo no depende sólo de él mismo. Y es cierto, a mi modo de ver.

El espacio que ocupa nuestro ser fue ocupado en otro momento por otro ser con el que inevitablemente guardamos una relación, pues nuestros átomos son los mismos. Todos formamos parte del mismo torrente vital que azota al mundo desde el comienzo de la vida. Y lo que no conocemos todavía.

19 de enero de 2009

Miedos en la noche

Viento.
Hace tiempo, en un viaje que hice a Aveiro alguien medio en broma medio en serio me dijo que los pueblos o ciudades en las que hacía más viento había más locos. Nunca habría relacionado el fenómeno con el índice de locura de un lugar, pero aquella aseveración me caló hondo. Siempre he temido al viento, porque silbante, se cuela entre las ventanas, como un fantasma sin voz, que viene a dejar un mensaje largo y agudo. El viento te traspasa, entra por los ojos, los oídos, la nariz, el pecho, el vientre, nos hace porosos poniendo a prueba nuestra opacidad. Arrastra los cabellos y las lágrimas, nos desplaza, nos desafía. Tiene la fuerza de tumbar un hogar, de formar un remolino, de llevarse la casa de Dorothy. Desconfía.

Mar.
Salvaje, poderosamente visceral, viene y va llevándose y trayendo cosas consigo. Esconde tesoros y peligros. Es la madre naturaleza que nos azota y nos alimenta. Amamos al mar y lo tememos porque su belleza nos hace confiar demasiado, hasta que es tarde y nos ha hecho formar parte de él. Miles de almas perdidas vagan por su corriente: marineros, muchachas, pescadores, niños y ancianos han sucumbido al húmedo abrazo de las aguas que con su beso se las ha llevado para siempre. Prisión de mareas que azotan la tierra, no os dejéis llevar por el hipnótico vaivén de terciopelo de su superficie al atardecer o conoceréis la furia de las aguas.
Niebla.
La niebla es el olvido, el lento difuminarse de los contornos, que se pierden. La soledad, buscar sin ver más allá. Todo lo que durante el día podemos aprehender gracias a la luz del sol la niebla lo engulle, lo distorsiona y nos lo roba hundiéndolo en su blando y húmedo colchón. Sólo podemos mirar nuestros pies para no perder las huellas, para no dar un paso en falso, para no caer por el precipicio. El camino se pierde, el níveo laberinto te oprime y te ahoga, no hay nada más allá de la punta de la nariz reconocible en la masa que te rodea. Ahora, la nada más absoluta.

Sitios que he visitado