Taller Encantado

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30 de julio de 2009

Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa

En su mundo ideal, todo encaja. Hay un vaciabolsillos para dejar las llaves en el recibidor, un peine específico para el cabello rizado y un apartado en el lavavajillas para guardar el cucharón de servir el gazpacho.

Un utensilio para cada acción, un lugar perfecto para guardar cada utensilio, un cachibache para mantener dicho orden... las tijeras de podar las madreselvas no son iguales que las de desbrozar el rosal ¡¡¡faltaría más!!! y cada una de ellas tiene un pequeño gancho en el que quedan engarzadas esperando las manos diestras que saben hacerlas silvar entre las flores y los tallos. Duermen silentes en un gran mural, en una estancia reservada para las herramientas de jardinería y allí aguardan pacientes junto a los guantes, las palas, las semillas y un pequeño gran secreto.

Pequeño, porque forma parte del día a día de Estrella. Desde que se levanta hasta que se acuesta, es uno de los pensamientos que están fijos en su mente, se diría enquistado, siendo así parte de la normalidad y la cotidianeidad de su existencia. Grande porque si os lo contara, os daríais rápidamente cuenta de la relevancia de que allí, bajo sus gladiolos y sus hermosas hortensias repose no solo el cadáver de la mascota de su hijo, sino también algo más. En cualquier caso, podéis estar seguros, es exactamente el lugar que le correspondía. Ella nunca falla, en su pequeño mundo y, sobre todo, en su jardín, todo encaja. Siempre.


29 de julio de 2009

Asquerosamente humanos

Esta mañana, de camino al trabajo, he visto a mi paso un tupper en el suelo, abierto. Era una ensalada de pasta, y la acera estaba salpicada aquí y allá de macarrones y trozos de pollo. Una señora regordeta, que ha bordeado la estampa por el otro lado me decía: "Qué pena, hija, con lo rico que tenía que estar...". Alguien se ha quedado hoy sin comer, y lo mismo no lo sabe todavía.

En el metro un señor y una señora discutían acaloradamente porque el primero (bastante maleducado, todo sea dicho de paso) reivindicaba su derecho a repantigarse en el asiento y estirar las piernas, golpeando sistemáticamente a quien entraba en el vagón. Con mucha razón la mujer le reprendía y se revolvía, diciéndole que no estaba en el salón de su casa, y que no eran maneras de hablar. No obstante, él no se sacaba los "cojones" y las "me cago en la puta" de la boca, defendiendo su derecho a la "libertad de expresión", obviamente, muy mal entendido por su parte.

Y ya cuando enfilaba la calle, saliendo del metro (y pensando: ¿por qué siempre Tirso de Molina huele a pis?) he visto a una madre con dos niños pequeños. Perdían el autobús, así que se han dado los tres las manos e iban corriendo como podían todos juntos para no separarse y lograr el objetivo de alcanzar el medio de transporte. Lo han hecho, y se han reído, y ha sido divertido verles con sus mochilas y sus bolsos, haciendo lo imposible por no separar las manos.

Esta mañana Madrid rezumaba humanidad, en el sentido amplio del término, desde la más absoluta de las trivialidades hasta las complejidades de la indignación o la pertenencia al grupo.

Somos animales, a veces sociales, a veces insociables. No me canso de observar ¿qué verán los otros cuando me miren a mí?

27 de julio de 2009

Gran libro y gran film

Para aquellos que todavía no habéis saboreado la Rebeca de Daphne du Murier sin duda es más que recomendable que os acerquéis a la novela. Y hecho esto, revisitad el clásico de Hitchcock basado en dicho texto para que podáis ver a una de las más exquisitas criaturas jamás representada, esa magistral Joan Fontaine enamorada. El brillo de sus ojos cada vez que mira a Lawrence Olivier no puede ser de ningún modo más verosímil.

Cuando su mirada se posa en su rostro lo recorre como si fuera siempre la primera vez que tiene la dicha de admirarlo, su cuello se curva instintivamente, sus facciones se relajan, sus mejillas se ruborizan y una sonrisa inocente y se diría espontánea, aparece ante el deleite de contemplar al ser amado.


De este exquisito personaje llama la atención no sólo el anonimato total a lo largo de la hitoria sino la evolución. Olivier le dirá que ha matado su mirada de niña al confesarle sus secretos, y, en efecto, ese brillo inicial se desvanece para dar paso a la madurez de la mujer que ha superado sus miedos e incertidumbres.

¿Es necesario liberarse de esa inocencia para sobrevivir? ¡¡¡Puede que sí, pero desde luego, me parece tan hermosa!!!


22 de julio de 2009

Observar lo que pudo ser y nunca fue

Le gustaba deslizar la mirada por los objetos dormidos. Los acariciaba deleitándose en los contornos, en las huellas marcadas en el polvo acumulado por los años. A veces se detenía y se preguntaba qué manos expertas habrían sostenido aquellas herramientas con la maestría distraída que descansa en el quehacer diario. Cómo serían aquellos hombres y mujeres de antaño que sabían arrancarle sus secretos a cada uno de aquellos objetos. Nunca se atrevió siquiera a tocarlos, temía que en su torpeza pudiera echarlos a perder. Los trataba más bien como piezas de museo, recubiertos por una urna de cristal imaginaria y sólo los contemplaba desde una prudente distancia. Los resortes, asideros y botones le hacían pergeñar toda clase de cachibaches imposibles que pudieran haberse hecho con todas aquellas "cosas", pero no eran más que elucubraciones.

Corría el año 2064 y aquel niño que había salvado la vida a duras penas, había perdido por completo toda huella con sus orígenes. Sin embargo, cada día acudía, aunque fuera tan solo durante unos minutos, al taller de carpintero del subsótano de la Plaza de la Esperanza. De hecho, era lo único que había sobrevivido a los días infernales que habían sobrevenido tras la guerra. Sentía una poderosa atracción hacia aquel lugar, lástima que su familia no pudiera decirle nunca que allí era donde sus antepasados habían comenzado a ganarse la vida. Edgar habría disfrutado con el olor de la madera fresca y pasando sus manos sobre las diferentes piezas. Se habría deleitado viendo los últimos rayos de sol filtrarse por el tragaluz junto con el trino de los pájaros. Toda esa realidad paralela, aquel mundo imposible, yacía silente en una memoria que le había sido arrebatada por la muerte y la destrucción. Pero él sabía que allí, de alguna manera, se encontraba la clave de su existencia y, persistente, permaneció fiel a su cita diaria hasta el día en que la parca fue a cortar su último aliento.

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20 de julio de 2009

Vivimos días extraños

El que vive despierto envidia al que lo hace anestesiado, porque piensa que en su locura hay más felicidad que en la certeza de saberse cuerdo. Sin embargo, el anestesiado adolece pues sabe que no siente, y en algún momento sintió. No hay nada peor que dejarse marchitar, de abandonarse al tiempo, como si fuera infinito.

Vivimos días extraños en los que no se valoran las cosas bien hechas, en los que nos vanagloriamos solo de nuestras acciones más canallas y en las que ser una buena persona y parecerlo es sencillamente sospechoso. Las miradas más suspicaces caerán sobre el hombre que le sonría a un niño, pues será acusado de pederastia, el peso de la duda sobre aquel que lleve flores a la mujer que ama, pues estará comprando su amor y de esta forma iremos sustrayéndole espacio a la humanidad, a las relaciones interpersonales y alimentaremos a la alimaña que crece en el seno de nuestra sociedad.

Nos recreamos solo en las más oscuras de nuestras perversiones, solo nos llama la atención la noticia que es más macabra que la anterior. Nunca serán objeto de encendidas conversaciones cuestiones como la belleza o el amor porque hemos ido pudriendo su esencia cada día un poco más. Qué triste resulta ver cómo van sucumbiendo los poetas... aunque estoy segura de que quedará un reducto por pequeño que sea, y a eso pienso dedicar el resto de mis días.

Si una sola persona contempla la cosa más nimia que tenga a su alrededor, una simple rosa, y por un momento la encuentra en toda su plenitud, y la sublima, y aprende a amarla en ese breve instante, habrá merecido la pena. Si perdemos la cordura, que no sea por perder la sensibilidad, sino por recuperarla y hacerla nuestra.



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"Cagá y el agua lejos"

En mi pueblo se diría así, o al menos sería como mi madre lo verbalizaría, aunque para ser más políticamente correcta tendría que decir que siento una gran "incertidumbre sobre mi futuro profesional", que queda siempre más mono y presentable.

La cuestión, señores, es que quien tiene un trabajo está agarrado a la silla con los dientes, sintiendo la suave brisa de la espada de Damocles pendiendo sobre él. Tal es el caso de la menda y de miles de trabajadores que cada día se preguntan: ¿dónde estaré mañana? ¿tendré dinero para pagar las facturas? ¿dónde está Wally... si seguro que no tiene dinero para viajar? ¿por eso siempre lleva la misma camiseta, porque no tiene un duro?

En fin, hay que tomárselo con filosofía, seguir luchando cada día, seguir buscando, escribiendo, aprendiendo y, sobre todo, sobreviviendo.

Y si queda algún iluso que piense "bueno, estoy indefinido" que vaya despertando porque eso hoy no significa nada de nada. Igual que el hecho de tener un contrato y llevar dos meses trabajando no es garantía de que vayas a cobrar un sueldo... que para eso existe el "impago de la nómina". La belleza de las palabras se diluye en la mierda que a veces describen. Pero al menos podemos reirnos con ellas (jamás de ellas). ¿O son ellas las que se ríen de nosotros? Nosotros, sus dioses, somos víctimas de una profunda insubordinación... y merecida es.

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14 de julio de 2009

No apto para cardiacos

Sí, el día a día nos pone a prueba... a cada instante uno tiene que pararse a reflexionar, tomar aire, contar hasta diez y tratar de bajar su nivel de adrenalina en sangre para no liarse a voces. Y es que el mundo no está hecho para coléricos. El problema es que cuando estallas puedes terminar manchando las paredes de sangre porque tanto contenerse... a la larga no puede ser bueno, la verdad. Eso, o canalizar la ira hacia la creatividad y el pensamiento lateral (y aquí ya me imagino fumando un canuto y con flores en el pelo en plan hippie...).

Tengo varios agravantes que hacen que tenga que contener mis accesos de ira diariamente:
a) Soy mujer
b) Soy joven
c) Estoy pluriempleada

a) + b) = Mucha gente cree que puede tocarte los huevos, por ejemplo llamándote "bonita" o "chiqui" o sobreentendiendo que no sabes hacer tu trabajo, o confundiéndote con una becaria (conste que no tengo nada en contra de ser becario, que lo he sido en muchas ocasiones y estoy muy orgullosa).
b) + c) = Siempre voy corriendo, y algunos creen que puedo permitirme el lujo de perder el tiempo "porque total, seguro que tampoco tienes mucho más que hacer".
a) + c) = Cuando me viene la regla, estoy en el curro ¡¡¡sufrid los vaivenes de mis hormonas!!!

En fin, que la vida es dura y hay que tomársela con sentido del humor, aunque para ser justos creo que es de ley que de cuando en cuando, en vez de ponernos colorados de la mala leche que nos entra, lo natural sería decir claramente: ¡¡¡¡¡Vete a la mierda!!!!! ¿A que me sobran razones?

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Sitios que he visitado