Taller Encantado

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14 de agosto de 2009

Estás mejor en el olvido

Cada vez que doblo la esquina y aparece tu nombre o tu odioso rostro solo deseo apartarlo de mí, mandar lejos tu recuerdo hiriente y desagradable, en pocas palabras, ahogar los retazos que quedan de ti en lo que me rodea... me produces repulsión, no soporto que sigas ahí como un espectro agazapado, siempre esperando, latente, para salir en el momento mas inoportuno ¿podré librarme de ti? ¿podré apartarte de una vez por todas y para siempre? He de hacerlo porque si no me volveré loca.

Avisado quedas: desaparece, espectro, si he de clavarte una estaca, cortarte la cabeza, meterte en el cuerpo una bala de plata o pergeñar algún conjuro élfico lo haré. Nada en este mundo ni en las dimensiones paralelas conseguirá detenerme, aunque tenga que vender mi alma al diablo para poder desplazarte de mi vida. Apártate o atente a las consecuencias.

22 de julio de 2009

Observar lo que pudo ser y nunca fue

Le gustaba deslizar la mirada por los objetos dormidos. Los acariciaba deleitándose en los contornos, en las huellas marcadas en el polvo acumulado por los años. A veces se detenía y se preguntaba qué manos expertas habrían sostenido aquellas herramientas con la maestría distraída que descansa en el quehacer diario. Cómo serían aquellos hombres y mujeres de antaño que sabían arrancarle sus secretos a cada uno de aquellos objetos. Nunca se atrevió siquiera a tocarlos, temía que en su torpeza pudiera echarlos a perder. Los trataba más bien como piezas de museo, recubiertos por una urna de cristal imaginaria y sólo los contemplaba desde una prudente distancia. Los resortes, asideros y botones le hacían pergeñar toda clase de cachibaches imposibles que pudieran haberse hecho con todas aquellas "cosas", pero no eran más que elucubraciones.

Corría el año 2064 y aquel niño que había salvado la vida a duras penas, había perdido por completo toda huella con sus orígenes. Sin embargo, cada día acudía, aunque fuera tan solo durante unos minutos, al taller de carpintero del subsótano de la Plaza de la Esperanza. De hecho, era lo único que había sobrevivido a los días infernales que habían sobrevenido tras la guerra. Sentía una poderosa atracción hacia aquel lugar, lástima que su familia no pudiera decirle nunca que allí era donde sus antepasados habían comenzado a ganarse la vida. Edgar habría disfrutado con el olor de la madera fresca y pasando sus manos sobre las diferentes piezas. Se habría deleitado viendo los últimos rayos de sol filtrarse por el tragaluz junto con el trino de los pájaros. Toda esa realidad paralela, aquel mundo imposible, yacía silente en una memoria que le había sido arrebatada por la muerte y la destrucción. Pero él sabía que allí, de alguna manera, se encontraba la clave de su existencia y, persistente, permaneció fiel a su cita diaria hasta el día en que la parca fue a cortar su último aliento.

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3 de mayo de 2009

Al olvido


Como dice la canción de Elefantes: "al olvido... todo cuanto he aprendido, si ha de hacerme tanto daño lo que guardo en el cajón yo se lo regalo al olvido, todos y cada momento que hasta hoy llevaba dentro, no los quiero junto a mí voy a dejarlos aquí, mientras salgo a pasear...". Hay que desprenderse de lo que hiere, de aquello que nos lastima, de los recuerdos que vuelven para mortificarnos, de las pesadillas que tratan de sacarnos de nuestro equilibrio, de las personas que tratan de desestabilizar la paz que impera habitualmente en nuestras vidas. Y a los miedos, las inseguridades, las frustraciones... una buena patada en el culo.

El sol saldrá, tarde o temprano. Mi sol son mis amigos, mi familia, mis niñas y mi chico. Tengo la inmensa suerte de tenerles siempre a mi lado. Así que me gusta mucho escribir esta entrada en el blog para dejar constancia de que sé que nunca me fallan y también para agradecerles su ayuda, su paciencia y, siempre, su compañía inmensa. Mil gracias.


15 de abril de 2009

Errar por errar

Está claro, como dijo aquel "el sentido común es el menos común de los sentidos". El ser humano se tropieza una vez y otra en la misma piedra, no la reconoce cuando aparece de nuevo en su camino y, ¡pum! se topa con ella y todavía se sorprende.

Aprender es un proceso largo, en el que es fundamental la repetición, pasar una y otra vez por las mismas líneas, por las mismas ideas, por las mismas palabras, para fijarlas y una vez interiorizadas poder moldearlas, matizarlas, permitir que el pensamiento avance y se esparza a sus anchas, creciendo libre al fin, pues sus raíces se encuentran firmemente asentadas.

Sin embargo adolecemos desmemoriados, incapaces de recordar, de retener, de abarcar y ese es uno de los mecanismos de los que se vale el cerebro para poder procesar la ingente cantidad de información que pasa diariamente por nuestras neuronas. Lo que nos mata que es nuestra carencia de retentiva, es lo que nos da la vida porque nos evita el colapso total. Mi pregunta es la de siempre ¿qué hacemos aquí? ¿Acaso somos un juguete divino? ¿Un proyecto errado? ¿Un ensayo inconcluyente? ¿Para qué vivir? ¿Es lo único importante el camino?

Estos son los interrogantes que cada poco me sobresaltan porque no entiendo y la esencia del ser humano es la de no entender y la de buscar respuestas y la de tratar de comprender lo incognoscible. Errare humanum est.

Sitios que he visitado