Taller Encantado

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15 de octubre de 2009

La soledad y las flores

Dicen que Mercedes está loca. Pasea sola, fumando un cigarrillo, ligeramente encorvada, como si sobre su espalda se avatiera un gran peso que le lastra el caminar. A veces habla sola, pero no estoy segura de que lo haga más de lo que lo hacemos los demás cuando rememoramos algo que tenemos grabado a fuego en la memoria. Lo que más llama la atención de ella es su forma de vestir. Siempre con colores estridentes, vestidos llenos de flores, muchas horquillas no menos llamativas en el pelo, collares y pulseras y grandes broches.

A Mercedes le gusta el color y la alegría que le proporcionan todas estas cosas. De lejos dirías que es una hippie e incluso podrías confundirla con una yonqui por esa manera tan extraña de caminar. Sin embargo, cuando te asomas al balcón de sus ojos tristes y cansados y comprendes por fin que
está sola y necesita entablar una conversación, te das cuenta que es solo una mujer que ha tenido mala suerte.

Cuando ella escoje la ocasión, charla despreocupada durante un buen rato, sin embargo si eres tú quien toma las riendas para comenzar un diálogo, ella se estremece visiblemente nerviosa, casi sin poder dominar los nervios y abandona a la primera ocasión.

Admira las cosas que le gustan, las aprecia de veras, las mira una y otra vez, las coge con ternura y cuidado y finalmente las compra, porque le parecen alegres y simpáticas. Sin embargo, en un descuido, la manga de su vestido se traba en un alambre, y en un instante descubres una gran cicatriz, un accidente de coche, quizás, o una brutal caída. Puede que algo menos racional y más escalofriante, pero no quiero pensar en esa posibilidad, porque nadie merece que le inflijan tal dolor sino de forma fortuita por un caprichoso avatar del destino. Algo ocurrió en su vida que hizo que cambiara para siempre, que se refugiara en las flores y la soledad fuera su más firme compañera. Se me antoja una flor rara que busca refugiarse entre otras.



12 títulos y una clase magistral

El Festival de Cine Fantástico de Sitges nos ha dejado con muy buen sabor de boca, de hecho, ya estamos deseando que llegue el año próximo para degustar nuevas mieles.

Entre los mejores momentos del festival, la clase magistral de Park Chan-Wook, en la que tuvimos la suerte de conocer que el gran meollo de la trama de "Oldboy" se gestó nada más y nada menos que en el baño, mientras el coreano descargaba la vejiga... son esas pequeñas cosas las que te hacen darte cuenta de que Sitges es una caja de sorpresas. No tiene precio cruzarte con un tipo al que admiras tanto por la calle... como cuando nos encontramos con Freddy o con Tarantino, o cómo olvidarlo, cuando Guillermo del Toro nos enseñó sus calzoncillos y su cepillo de dientes al llegar a su clase magistral.


En cuanto a los títulos, todo muy variado en cuanto a temáticas, nacionalidades, géneros... Voy a empezar por lo peorcito, a mi juicio, que ha pasado por delante de mis ojos: me refiero a la insulsa y aburrida hasta la extenuación "Nyph", película tailandesa laureada en Cannes. Y uno se pregunta "¿por qué?" y la respuesta es el eco que devuelve la pantalla, a mi juicio vacía de contenido. Tanto es así que me dormí durante al menos una hora. Un soberano rollo. El otro descubrimiento tardío de un rollo monumental fue "El sueño del mono loco" que no parece una película de Trueba en absoluto. Nos valió eso sí para hacer muchas bromas con el bendito título, que es lo único inteligente que tiene la pobre cinta.

En cuanto a las que más me han enganchado tengo que destacar "IP Man". Si hace apenas un mes me quejaba de la falta de héroes, he aquí la historia de uno, en la que se repasa con respeto el pasado muy digno del maestro de kung-fu de Bruce Lee. Impecable. Y las mejores, dos cintas españolas muy diferentes pero realmente buenas: "Hierro" y "Celda 211", con un guión inteligente y acertado ambas, yendo más allá de lo evidente y lo previsible, y, en el caso de la primera, combinando con maestría que no parece de propia de un director principiante el drama con la intriga y la belleza visual de alguno de los planos más intensos de la cinta.


Entretenida, pero sin pena ni gloria, pasa "Pandorum" que no aporta gran cosa al género. Mejor equipada en cuanto a laberintos filosóficos "1" resulta evocadora y muy curiosa. También pasa con nota "The Eclipse" con una estupenda mezcla de drama amoroso y terror. Esta película irlandesa me parece muy notable en cuanto a interpretaciones, guión y puesta en escena.

Quisiera hacer mención aparte al estupendo documental "Nightmares in Red, White and Blue (The Evolution Of The American Horror Film)" que me ha parecido brillante recuperando los mejores momentos del cine de terror americano. Sólo añadir que se echa de menos más desarrollo de la parte dedicada a los OVNIs, por lo demás, muy aconsejable. Algo falla en el ritmo de "Ne te retourne pas (Don't Look Back)", que sin embargo encandila por lo arriesgado del guión y las excepcionales interpretaciones femeninas. Aunque no le auguro un gran futuro en cines, reconozco que merece la pena verla, si bien requiere un esfuerzo por mantenerse dentro de la narración. Además, la directora fue tremendamente amable e hizo un gran esfuerzo por pronunciar unas palabras en castellano que le valieron la ovación del público cuando presentó la peli.

Con la que más he reído por lo absurda y desternillante que se ofrece es con "Crows II", toda una fantasía épica adolescente, cuajada de momentos estúpidos y frases idiotas y aderezada con muchas tortas. ¿He dicho ya que me encantan las coreografías de leches?

Finalmente, destacar que fueron al menos cinco películas las que no pudimos ver porque no coincidieron los días de proyección con los de nuestra estancia: la ganadora y prometedora "Moon" que espero ver en breve, "Thirst" que he de conseguir visionar a toda costa, "Cropsey" y, por qué no, la descabellada "Zombieland". "The Road" es también una de las que no pudimos disfrutar, con lo que me habría encantado ver a Viggo Mortensen, al que admiro realmente como actor, pero ya llegará el momento de poder verla.

Me atrevo a decir sin haber podido (ni querido) verla, que la gran decepción del festival ha sido "Rec 2" de la que se esperaba mucho más.

Y esto es todo amigos. Aquí finaliza la crónica de unos días inolvidables, como cada año, que pasan como un rayo entre pase y pase helado en mano.

30 de septiembre de 2009

Sitges'09

Sitges se abre un año más para desvelar los misterios más oscuros solo a los más avezados... las intrincadas calles del centro se colmarán de viajeros sedientos de sangre y de historias añejas de brujas, las salas sucumbirán a los gritos de espanto de los espectadores incautos que acudan a llenarlas y así se engrasará la rueda un año más... mientras en el horizonte del mar se dibujan las sombras de las nubes tormentosas que sacudirán las costas, los valientes nos armamos para acudir a la cita con el misterio, la ciencia-ficción, la intriga, el suspense y la sorpresa.

Aguardamos el bostezo ronco de las salas que nos introducirá en mundos paralelos en los que todo es posible. Estamos preparados y expectantes sabedores de que iniciamos un viaje al anverso de la locura... ávidos de aventuras y emociones fuertes, nos enfrentaremos a los recovecos menos transitados del alma humana, a mentes enfermas y mundos en putrefacción que en su agonía nos arrastrarán a la boca del mismísimo infierno.

Nada nos detendrá, tenemos una cita con la parca y no estamos dispuestos a llegar tarde ni a darnos por vencidos antes de tiempo. Comienza el reto.

El encuentro

Me encontré con ella de súbito, tantos años después. Su mirada se clavó en la mía y me dejó a su vez clavado como una estatua al suelo. Su cara ya no era la de una niña, aunque el brillo travieso de sus ojos seguía jugando burlón al fondo del profundo verdor de su iris. Su cuerpo se había redondeado y algunas canas iban aflorando entre los cabellos pardos. Daba igual el paso del tiempo, seguía teniendo la capacidad de dejarme tan abrumado como absorto siguiendo el vuelo de sus manos, contemplando su blanca risa arder ante mí. Mientras parloteaba nerviosa tratando de llenar el tiempo, para mí todo se había detenido. Me había estado ocultando a mí mismo durante tantos años la necesidad de volver a escuchar aquella voz, el deseo de estrechar aquellas manos de nuevo, de dejar que cristalizaran mis pensamientos en palabras por primera vez... que asistí otra vez, otra estúpida vez al mayor de mis fracasos frente a ella. Había perdido el tren. Tras ella, su familia, una hermosa niña, como su madre, dormía en el carrito que empujaba su marido. Era un hombre normal: ni alto y bajo, ni delgado ni grueso, sencillamente la clase de tipo en la que no repararía uno jamás. ¿Podría haber ocupado yo aquel lugar?

Cuando llegué a casa mi mujer me preguntó si había estado llorando. Soy incapaz de ocultarlo, está claro, al menos, a ella; al menos, las lágrimas.

16 de septiembre de 2009

Me persiguen las palabras

Multitarea y sincopada. Escribo como una taladradora horada el suelo, el repiqueteo del teclado acompaña los ritmos entrecortados de las acciones que entrelazo. Escribo aquí sobre un nueva ley, allá doy una opinión, respondo un e-mail, cierro una reunión, activo un discurso, entierro una palabra vana, corrijo un acento, esculpo un pequeño verso. Ese es el día a día, el ordenador me ha vuelto desordenada e hiperactiva, no se sacia mi curiosidad por buscar nuevas expresiones, por aprender nuevos patrones ni por leer palabras antiguas que contienen la sabiduría del universo en una máxima comprimida.

¿Cuántas vidas necesitaría para leer todo aquello que desaría leer? ¿Para derramar los mundos que pergeña mi cabeza en hojas y hojas cubiertas de tinta? La finitud no es sino aquello que revierte la literatura, la pugna de la condensación de todos los tiempos en un tiempo contra la caducidad y la pérdida de los días que pasan insoslayables. Vive en la literatura y alcanzarás el Paraíso, la eterna juventud.

Las obras maestras y los héroes

Es lo que echo de menos en el cine, en la literatura, en las series de televisión y hasta en el día a día, ese rayo de luz que es el modelo a seguir, esa voluntad de encauzar los pasos hacia un bien, hacia la redención, hacia la expiación de las culpas y la bondad en estado puro.

¿Significa eso que los dioses, los semidioses y los héroes no se debatieran entre sus propias contradicciones? Todo lo contrario, eran nuestro reflejo y como tal, en ellos proyectábamos nuestras dudas, nuestras disyuntivas y miserias...


Cuando te sumerjes en el intrincado lenguaje del siglo XXI parece que no hay cabida para nada que se salga de lo desagradable y estomagante. Los planos se emborronan, la imagen queda cubierta de una densa pátina de pringue e interferencias, la cámara se mueve como loca, los personajes se ahogan en la carencia de un destino deseable o deseado al menos, y quedan estancados en las alcantarillas de la autodestrucción y la psicopatía. No es que nuestras obras generen antihéroes, esos al menos, en contraposición con sus antagonistas, reflejan la necesidad de ser exactamente lo contrario, me refiero a que realmente se proponen como ejemplos una serie de pseudo-antihéroes que no llegan siquiera a esa necesidad de ser las sombras entre las que brille alguna luz.

Somos la generación de los desheredados de valores intrínsecos como el amor, como la búsqueda de la verdad... ¿hemos fagocitado la moral hasta el punto de que nos resulta indigesta? ¿Es esa la razón de que seamos incapaces de traer al mundo obras maestras, héroes del día a día?
No comprendo que novelas de medio pelo sean best-sellers y hayamos perdido de vista a los clásicos.

Deberíamos leer a Horacio de rodillas, como solía decirnos un gran profesor al que admiraba (aunque no le llamara de usted, ni me hablara desde un atril). Y es que las formas no hacen el fondo y si queremos respeto, tenemos que ganárnoslo. Seamos ejemplo, seamos héroes y sembremos, porque lo que estamos haciendo en este momento es desandar el camino que han forjado muchos con gran esfuerzo y la tierra que no se alimenta yace yerma.

11 de septiembre de 2009

Releer y corregir...

... es dignificar las palabras, darles la importancia que se merecen, estructurarlas de la forma más adecuada y arroparlas en las dulces sábanas de los signos de puntuación precisos para que no cojan frío ni por el contrario se abrasen en el constreñimiento de la cerrazón inútil. Releer y corregir es el mejor de los trabajos para quien aspira a la escritura. Tomar cada palabra para sopesarla, comprobar que brilla en su justa medida y que es armónica con las que le siguen y preceden.

Tejer despacio un enorme tapiz en el que cada hilo está trenzado a mano con el mayor de los cuidados de modo que al dar un paso atrás se puede apreciar el conjunto completo, dibujado con esmero. Como las grandes sinfonías en las que las notas se deslizan unas sobre otras con la naturalidad de la corrección formal, y la pasión y el acento del estilo propio del orquestador de la pieza.

Encontrar el tono, dar soporte a las ideas contenidas en las líneas de escritura, aderezar el bocado con las especias más selectas y degustarlas una vez concluida la tarea es uno de los mayores placeres para el corrector... pero... ¡¡¡cuidado!!! Alguna errata suele quedar agazapada dando testimonio de que la perfección, aunque es la aspiración máxima de cualquier profesional, es inaccesible.

2 de septiembre de 2009

El noble arte de la escritura

Venía en el metro con la nariz pegada al libro de "El conde de Montecristo" y he leído una frase que me parece magistral: "Siempre he tenido más miedo de una pluma, de un tintero y de un papel que de una espada o una pistola". Esa es la pura verdad, como que el filo de un papel es más hiriente que la más afiliada de las cuchillas. Y me pregunto ¿por qué escribimos? ¿Cuál es nuestra finalidad última cuando decidimos dar forma a nuestros pensamientos, moldearlos y ornarlos, estructurarlos y revestirlos de una suave pátina de credibilidad a los ojos de quienes leerán nuestras palabras?

Puede ser una simple cuestión de venganza, como en el caso de los envidiosos de la dicha de Edmond Dantés, puede ser el afán de notoriedad, puede ser la necesidad de expresar nuestra voluntad o parecer o puede ser sencillamente un cosquilleo que se advierte imparable en nuestro interior y que nos lleva a vertir las palabras de la forma que consideramos más oportuna porque nos oprimen dentro, necesitan salir y ver la luz del mundo, para hacerlo más brillante o dejarlo sumido en las tinieblas.

En ocasiones nadie nos lee, en otras causamos conmoción, las más de las veces pasamos inadvertidos salvo para unos cuantos, pero no por ello tienen menos valor nuestras palabras. Si aún pensáis que la escritura es un medio de vida, os equivocáis. Ni aquél que se ha hecho más rico con la escritura es en verdad un escritor. Ser escritor es otra cosa, es algo que nace desde dentro, es más que una obligación apremiante, es la necesidad de comunicar con otros mundos para comprender éste en que habitamos, y eso, es sencillamente inevitable.

Escribir es quizás el acto más importante que podemos llegar a realizar en nuestra vida, tenemos el mismo potencial para conseguir crear como para lograr destruir, pero estoy convencida de que toda aquella acción cuyo poso queda encadenado a la tinta tiene consecuencias para aquél que convoca al poder secreto de las palabras. Escribid para el bien o retened vuestras palabras, de lo contrario, se volverán en contra de vuestro destino.

Sitios que he visitado