Taller Encantado

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20 de abril de 2010

Destellos de felicidad

A la postre y sin conocer muy bien la razón, tengo la suerte de padecer gustosa destellos de felicidad intermitentes. Como cohetes que estallan en el cielo cubriéndolo de mil colores, pero tan solo un instante. Luego el ensanchamiento del miocardio se termina y me siento más pequeña. No más joven, sino más chiquita, como si una mano enorme me hubiera estirado todo el cuerpo desde la cabeza y luego lo dejara caer de nuevo.

Del intrincado mejunje hormonal que recorre nuestro cuerpo, quién sabe qué compuesto o reacción tiene la culpa de que se me queden prendados los ojos de la sonrisa de un viajero del metro, o del bostezo de un perro. Solo sé que en un momento dado, todo lo que me rodea me parece hermoso, una pequeña obra de arte que fluye a mi alrededor, una partitura en la que yo soy una corchea o quizás un silencio que se sale del pentagrama para contemplar la sinfonía y saberse en conexión con todo.

Otras veces rabio por no tener a la mano algo con lo que poder escribir, algo con lo que dar salida a las imágenes y las palabras que se acumulan incesantes en mi cabeza. Lucho por retenerlas, pero esa no es su naturaleza y escapan evasivas al fin, para no volver, ¿dónde se esconden la historias que no llegamos a contar? ¿En qué lugar se refugian las palabras nunca dichas, los mensajes que no llegan a destino, las ideas que rehúyen a su creador? Quién sabe, la memoria es débil, cristal fino que se quiebra al contacto con la realidad. Dicen que siempre soñamos, pero que al activar nuestra mente y pensar en el día de hoy, olvidamos todos los mundos en los que hemos pasado la noche, inevitablemente. Y que solo si encontramos una llave que nos abra la puerta de acceso a esos mundos a lo largo del día podemos volver a acceder a ellos.

Será cuestión de vivir menos aquí y más allí, dejándose llevar por los arrebatos de felicidad que nos envuelven, arrastrando nuestros pensamientos tras los cantos de los pájaros, o arrullándolos entre los pétalos frescos de las flores que comienzan a abrir.

29 de octubre de 2009

A ti, a mí y a todos

Una enorme sensación de plenitud: es lo que me inspiran los breves momentos de libertad en los que puedo dedicarme a lo que me gusta. Compartir buenos momentos con las personas que me quieren bien y a las que yo no solo aprecio sino admiro.

El mundo está lleno de personas valientes, divertidas y generosas que gustan de regalarte su tiempo y su cariño. Por eso no lo dudes: saca de tu vida a quienes te empequeñecen, a quienes sacan de ti lo peor, a quienes te hieren o humillan: comienza a vivir, date la oportunidad de disfrutar del día a día, de ser tú sin más, sin dar explicaciones ni tener que atenerte a las reglas de nadie.

Dejando atrás todo ese dolor, esa frustración y siguiendo paso a paso, te convencerás muy pronto de que merece la pena continuar para dar paso a todo lo bueno que te estabas perdiendo. La felicidad, que no te engañen, dura un instante y no está al final de un duro sendero de penalidades, sino a lo largo del viaje. Y lo más maravilloso es que puede sorprenderte en el momento más insospechado. Uno de los momentos más felices de mi vida fue un día, al salir de un examen de la facultad. Atardecía, la luz bañaba los almendros en flor y su aroma me embriagó. Fui feliz. Unos minutos, tal vez. Qué hermoso recibir ese presente sin haberlo pedido, sin haber hecho nada para merecerlo. Y qué grande sentir cómo el corazón se me quería salir del pecho y que casi podía volar...

Te invito a que seas valiente y te dejes sorprender por la felicidad, a que sueñes con los ojos abiertos y a que seas una mejor persona rompiendo con todo lo que no te lleva a ninguna parte. No huyas hacia delante, tratando de conquistar terrenos que son ajenos a ti, bien sabes que solo conseguirás enredarte más en un círculo vicioso de autodestrucción.

No rompas el silencio si las palabras que van a salir de tus labios no son verdaderas. Si te disculpas, hazlo de corazón; si pasas página, hazlo con todas las consecuencias. Mirar atrás hará de ti un gigante de pies de barro, caminar con decisión, en un enano a lomos de gigantes. Y, siempre que puedas, haz crecer también a los demás, comparte tus experiencias y tu alegría con los otros, ayúdales a mejorar en lo que te sea posible... ese es el camino.

13 de septiembre de 2008

La FELICIDAD

La FELICIDAD es poder sentarse en un banco mirando al cielo. Sin preocupaciones más allá de ese preciso/precioso instante. Aun sabiendo que vendrán otros momentos después, aun conociendo los precedentes que se fueron. Ni el pasado te ahoga ni el futuro te acecha. Vives en el instante, como si se hubiese cuajado el rocío cristalizando brillantemente. Es un momento luminoso en el que todas las potencialidades del tiempo se conjugan, es el divino silencio que precede a todo lo demás.

Sitios que he visitado