Taller Encantado

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11 de enero de 2010

¡Cómo mola la nieve!

Gustar, resultar agradable o estupendo. Así define la RAE la palabra molar. Para un lapón a lo mejor la nieve no despierta unos sentimientos tan placenteros pero ¿acaso pueden resistir la tentación de lanzarse unas bolas? No lo creo, porque la nieve no solo mola, sino que mola muchísimo. Reivindico el término porque se ajusta a derecho, expresa con propiedad inusitada el estado de ánimo que despierta en aquél que la contempla caer y luego puede divertirse un rato disfrutando de sus propiedades. Más allá de la nieve en sí, está la luz precursora de la nieve y a posteriori la claridad cegadora de la capa de nata montada que queda sobre los tejados y los coches. Nada más hermoso que la risa de un niño mientras intenta travieso pillar por sorpresa a sus padres cogiendo una gran bola en sus pequeñas manitas o la sonrisa satisfecha de quien da por terminado un muñeco de nieve tras ponerle los ojillos y la nariz.

Hay algo divino y humano a la vez en la forma en que los copos caen caprichosos recreándose en su descenso vapososo. Y además, resbala, ¿qué más se puede pedir? ¿Habrá algo más hilarante que ver cómo alguien suelta una interjección mientras se tambalea tratando de no caer?


11 de febrero de 2009

Jo, qué frío

Al fin he descargado las fotos de la cámara... nada como una baja de una semana para sacar el tiempo necesario. También he leído, he dormido (mucho) y he pasado tiempo con Juanito... Ahora vuelvo a la carga y lo hago para enseñaros la nieve a través de mi lente...
















9 de enero de 2009

Mantos de blanca nieve


Despertar así es como seguir soñando... da la sensación de que todo es irreal, fantástico, de peli de Tim Burton. Sales de casa y el cielo (aún de noche) está completamente iluminado, creando un efecto fantasmagórico sobre los mantos de blanca nieve que se extienden cubriéndolo todo: los coches parecen pastelillos glaseados, los arbustos surgen de entre el resplandor blanco y brillante congelado, los niños y los mayores, todos, juguetean con el etéreo elemento que cae del cielo, despacio, casi bailando al son de quién sabe qué música...


Si te paras por un instante y te dejas cubrir lentamente, dejándote invadir poco a poco por el frío, hasta que la puntita de la nariz se pone colorada y queda insensible, da la sensación de que uno está en otro mundo, muy lejos de la realidad, al otro lado, mucho más allá. Ver las avenidas blancas, la luz de las farolas tamizada por los níveos copos, los cristalitos brillantes que se aprecian aquí y allá entre la capa cuajada de nieve es un espectáculo hermoso.


Y si llegas tarde al curro, qué le vamos a hacer, seguro que tu jefe llega más tarde todavía... el mío de hecho acaba de salir a hacerle fotos a la ciudad (¿y quién no lo haría? en verdad estos momentos son los que hacen que vivir valga la pena).

Sitios que he visitado