Taller Encantado

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7 de julio de 2012

Crecer sin guías


Estaba en muy mal estado. Las malas hierbas habían ido colapsando la base y no permitían que llegara allí la luz del sol, de modo que poco a poco se estaban debilitando las raíces cuyo espacio estaba siendo invadido. La única opción para salvaguardar la salud había sido tirar las hojas más bajas y tratar de trepar hacia la luz, pero en aquel esfuerzo, los tallos se habían alargado de tal forma que no habían podido asumir el peso de las carnosas hojas altas, que tan llenas están de agua. Esto las había vencido retorciéndolas en toda clase de piruetas que trataban de darle la fortaleza suficiente para tirar de nuevo hacia arriba. La recompensa: los rayos preciados de sol, el alimento, la calidez de la energía, el motor de la fotosíntesis, el origen de su verdor y la posibilidad de afianzarse.

Así estaba esta mañana mi kalanchoe. La había dejado demasiado tiempo sola, sin mimarla, tan solo regándola lo necesario pero sin prestarle la atención debida. Ahora, ya sin las hojas muertas, con una dosis apropiada de abono, con guías a las que poder agarrarse para alcanzar la luz y en una posición en la que lo hará con una mayor facilidad, la mejoría ha sido notable. Ha recibido los cuidados que necesita para poder tener una mejor calidad de vida, y para poder alimentar esas preciosas flores rojas que tan duraderas y hermosas son.


La pregunta, inevitable, es quién nos quita a nosotros la broza del camino, quién nos ayuda a alcanzar el sustento y nos rescata con sus guías para seguir el camino adecuado. Estamos muy solos. Florecemos en la oscuridad y nos mustiamos sin haber alcanzado la posibilidad de recibir la luz del sol. Quienes hemos descartado la fe de nuestras vidas solo dependemos de nosotros mismos y de quienes nos rodean. La mayor parte del tiempo estas personas desconocen cuáles son nuestros problemas reales, nuestras necesidades o siquiera nuestras aspiraciones. ¿Cómo ayudarnos entonces? ¿Podremos alcanzar a base de esfuerzo y dedicación el aire limpio, respirarlo y seguir adelante sin dejarnos morir o agonizaremos por carencia de alimento? En el caso de mi kalanchoe estaba muy claro lo que necesitaba, ¿qué necesitas tú para vivir? ¿Qué necesito yo?

31 de agosto de 2010

¡Zas!

Cuando la vida te da una buena bofetada en la cara, cuando se ríe de ti y te descoloca, te zarandea y te vuelve del revés dan ganas de mandarlo todo muy lejos (por ser fina). La verdad es que se te quitan las ganas de avanzar, todo te da miedo, lo que hay dentro de ti y lo que te puede venir de fuera, se tamabalean los cimientos en los que basas tu estabilidad y tu tranquilidad y toda una serie de emociones desbocadas se desatan estallando y arrastrándolo todo a su paso. Es el momento tifón. Todo te molesta, nada te sirve ni te consuela, no sabes cuál es tu lugar, titibeas a cada paso, te sientes inútil, ridículo, solo.

Hay dos posibilidades, aunque no excluyentes del todo: la reclusión (o perecer ante la desdicha) o aferrarse a la esperanza (y luchar por salir del pozo). Esto es algo totalmente personal. Si alguien intenta sacarte y tú no estás listo para ello, caerá contigo y será aún peor porque retroalimentareis ese bucle de desolación y autocompasión. Si no dejas pasar el tiempo oportuno y no te lames bien las heridas, es fácil que seas muy débil y cualquier caricia se te antoje guantazo y caigas de nuevo.

En resumen: deja a un lado los libros de autoayuda escritos por tipos de sonrisa perfecta. Tómate tu tiempo, compadécete de ti mismo un poco, perrea, come helado a espuertas durante un fin de semana, cicatriza y cuando estés listo, adelante, tienes toda la vida frente a ti. Tienes derecho a estar triste, tienes derecho a enfadarte y a patalear. Que no te digan que no, porque sí, lo tienes. Pero eso no resolverá tus problemas, solo te dará un alivio efímero, (aunque a veces necesario). Puede ayudarte escribir, puede ayudarte leer (a ser posible literatura, aprenderás más leyendo a Auster que a Coelho), desde luego te ayudará abrir los ojos ante el mundo que te rodea (no solo el inmediato, suele ser bastante evocador echar una ojeada más allá de nuestro ombligo, donde el mundo se despliega en mil dramas infinitamente menos abarcables que el nuestro y en belleza y felicidad casi inaudita para nuestra imaginación).

Y este es mi manual breve para decirle adiós a las pantuflas y las pelis de serie B del videoclub de ONO y salir adelante, incluso cuando uno anda bien jod...o.

Sitios que he visitado