Taller Encantado

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11 de febrero de 2010

Tu suerte es la mía

A menudo los mejores mensajes son aquellos que se pierden antes de llegar a su destino, las palabras que se pierden, aunque se intuyen en su ópalo cristalino de deseo y añoranza. Elevaré mis súplicas en voz baja esperando que se diluyan en ese limbo del ojalá en el que tanto necesitamos creer para no dejarnos vencer por el temor y la desesperación. Rezaré a dioses en los que no creo para llamar a todas las puertas desde mi silencio, serán mis nudillos desnudos los que aterricen en el eco sordo de lugares a los que nunca iré en el recogimiento del peregrino estático.

La esperanza es un fino témpalo de hielo, quebradizo pero resistente al fin y al cabo en la soledad del invierno. Te amarraré a ese débil sostén y con dos lazadas sostendré tu dicha a la mía para que nunca caigas. Sellaré mis labios para que no lleguen a tus oídos las palabras que han de vernos desde arriba, en un cielo muy, muy lejano.

19 de junio de 2009

El peso del destino

Zas! Si uno se pasa más de media hora redactando un e-mail, eligiendo las palabras y el tono, destacando lo que realmente quiere expresar y abriéndose el corazón para que el destinatario comprenda y se haga cargo ¿por qué tiene que bloquearse el ordenador súbitamente? En fin, nunca he sido muy inteligente, pero creo que comprendo las señales del destino. Eran palabras que nunca debían haberse escrito, que se perderán en el anonimato de los unos y ceros del lenguaje digital.

Son sentimientos que fueron volcados con mucho trabajo en palabras, esas palabras representaban una primera verdad con la mayor fidelidad de la que fui capaz de transmitir, y ese constructo se han desvanecido para siempre. El camino recorrido desde mi alma hasta esa persona se ha roto. La metamorfosis de la codificación ha destrozado la comunicación.

Me liberé de la carga, de la angustia, de la pena, puesto que al menos fui capaz de expresar lo que me andaba hiriendo dentro, al menos en parte, al sacarlo fuera de mí y poder mirarlo con los ojos. Y si se ha perdido, por algo será.

Agnóstica y determinista ¿alguien puede comprender esto? No creo en un ser superior, pero sé que las cosas suceden por alguna razón. Quizás esas palabras sencillamente ya no me pertenecen.

A veces me siento como el personaje de una peli de Isabel Coixet en la que los mensajes nunca llegan a su destino, en el que las palabras se extravían, los sentimientos se enquistan y las vidas desfallecen sin alcanzar la comprensión del otro. Leñe.

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